Justificación temática
El punto de partida de la investigación es la participación política
de l@s jóvenes indígenas en los espacios sindicales. En los últimos
años l@s jóvenes están gradualmente incursionando en estos
espacios sindicales. Esta participación sindical se produce desde las
bases, desde las comunidades, con el tiempo van ascendiendo a cargos intermedios.
Sin embargo, la participación de l@s jóvenes en los sindicatos
produce conflicto generacional, con diferentes matices, esto se da sobre todo,
por la cultura política diferente que tienen l@s jóvenes, muchas
veces, puede agudizarse, porque tienen diferentes prácticas y valores
políticos en el ejercicio de los cargos sindicales. También hay
jóvenes que luchan para ampliar los márgenes de la ciudadanía
política, mediante la mayor inclusión política, accediendo
a beneficios de la modernidad, mientras otros están apostando por una
constitución de la nación autónoma, la autodeterminación
de las naciones originarias. Esta visión ideológica- política
parece darse desde el conflicto social suscitado desde el año 2000;
al mismo tiempo otro elemento que contribuye estás tendencias políticas
es precisamente los intelectuales aymaras que van difundiendo ciertas posibilidades
de autonomía de las naciones. Entonces, actualmente asistimos a una
mutación política que está en proceso de construcción
ideológica, que todavía tiene una expresión política
mucho más difusa y amorfa.
Para desarrollar los diferentes componentes planteados. Queremos empezar considerando
la participación de l@s jóvenes indígenas en los espacios
sindicales, donde tiene un peso significativo la cuestión de edad vinculada
a la experiencia política. Para ocupar determinados cargos tiene mucha
fuerza el aspecto de edad que condiciona -hasta cierto punto- la exclusión
simbólica, política, que está sustentado en los valores
políticos dominantes, puede parecer como normal o natural. Esta cuestión
simple suele ser percibida como un hecho normal que siempre ha existido desde
los tiempos de antaño. La participación de l@s jóvenes
en los cargos de menor jerarquía generalmente es asumida como algo natural
porque las nuevas generaciones aceptan que carecen de experiencias sindicales
(liderazgo, habilidad, capacidad lingüística, conocimiento, estrategia
política de alianza, etc.).
Una franja importante de l@s jóvenes reconocen que adolecen de muchos
aspectos conspicuas, admiten la posición que ocupan, para ellos es importante
aprender saberes sindicales, conocer las diferentes habilidades que se requieren
para ser un buen dirigente. Los saberes, las experiencias, aguardan aprender
poco a poco mediante la activa participación en la práctica política
sindical, asistiendo a reuniones, asambleas sindicales y formación de
grupos de camarilla. Entonces, la nueva generación acepta implícitamente
la exclusión parcial, están conformes con los cargos que ocupan
al interior de la estructura sindical.
Esa manera de entender la cuestión de los cargos sindicales, es admitir
de manera normal los cargos de menor jerarquía; puede considerarse como
autoexclusión política porque reconocen que no tienen la misma
capacidad, experiencia política ni liderazgo dirigencial para disputar
los cargos de mayor exigencia y responsabilidad. El hecho de que son jóvenes,
reconocen que no tienen el mismo “capital político” Bourdieu
(1990) que los adultos, dejando expedito los cargos de relevancia a los adultos,
se abstienen de disputar, de competir, en el fondo han reconocido que los adultos
tienen un amplio recorrido sindical, por lo tanto, consideran que han conseguido
el derecho de pelear, de postularse, de aspirar, para constituir en dirigente
máximo como ejecutivo provincial.
Sin duda, ser ejecutivo provincial es un cargo siempre anhelado por los dirigentes,
porque reporta prestigio, status y reputación personal en todos los
niveles sindicales. Estos jóvenes que han abdicado la asunción
de cargos jerárquicos suelen plantearse como metas de largo plazo, para
aprender diferentes capacidades, habilidades políticas de negociación,
discurso ideológico, liderazgo sindical, buscan apropiarse de las diferentes
cualidades políticas, asimilar los valores políticos predominantes
de los espacios sindicales. En ese sentido, el sindicato constituye la formación
ideológica de l@s jóvenes indígenas, eso significa constituirse
en líder, adquirir los principios políticos enmarcados de honradez,
sagacidad, sensatez, transparencia, habilidad para dirigir en momentos de tensión
o desborde de las bases, son aspectos de importancia para convertirse en un
potencial líder. Estos jóvenes ven al sindicato, como una carrera
política donde adquieren ciertas destrezas, capacidades lingüísticas,
discursivas, ideológicas, ulteriormente convertirse en un hombre público,
dotadas de ciertas cualidades políticas.
Al mismo tiempo se puede observar que l@s jóvenes indígenas que
no están dispuestos a ocupar cargos de menor jerarquía (vocal),
más bien apuestan a ocupar puestos que abran mucha perspectiva política
partidaria, liderazgo sindical, porque sencillamente se consideran que son
capaces de plantear temas asideros de interés colectivo, se perciben
que tienen la misma capacidad que los adultos. Esa actitud se sustenta en la
formación educativa que han recibido en las normales, talleres, seminarios,
universidades, son jóvenes que encarnan una formación política
mucho más sólida. En los espacios sindicales estos jóvenes
buscan ampliar sus derechos políticos, no aceptan la discriminación
generacional por ser muy jóvenes, entonces, no dudan en presionar, negociar,
para tener la misma oportunidad que los “dirigentes adultos”, claman
ser respetados como cualquier persona. Estos jóvenes que han recibido
una mayor formación educativa aspiran constituirse en dirigentes importantes
a nivel provincial.
L@s jóvenes con estas características educativas, establecen
una permanente lucha simbólica, política, dentro de los cuadros
sindicales. Esta lucha simbólica suele orientarse para ampliar sus márgenes
de los derechos políticos, quieren ser tomados en cuenta en todas las
reuniones, decisiones sindicales, transacciones políticas, buscan un
total participación en las actividades que tiene programada la organización
sindical. El objetivo de estas nuevas generaciones es constituirse en líderes
sindicales, provinciales, que suelen generar constante tensiones políticas,
esgrimen argumentos que apuntan a poner en duda toda la capacidad política
de los adultos.
La nueva generación cuestiona directamente la ineficacia de la administración
sindical, la dirección ideológica que propugnan, desnudan sus
limitaciones en los ejercicios sindicales, porque estos jóvenes están
más capacitados, tienen mayor destreza técnica, buscan incorporar
la tecnología moderna, tienen mayor habilidad para “manejar” los
recursos económicos bajo la normatividad boliviana. Incluso, suelen
mostrar cierta aptitud en la diligencia de los documentos, también muestran
mayor artificio en la parte organizativa sindical. Esta pequeña ventaja
suele servir para objetar de forma contundente hacia los dirigentes “antiguos” que
producen permanente tensión política. El hecho puede en algún
momento agudizarse, convertirse en una lucha simbólica, ideológica
y política, no sólo se cuestiona la parte administrativa, sino
también se pone en duda la cultura política de los dirigentes,
la práctica política de los adultos.
En ese sentido, se produce un conflicto generacional en los espacios sindicales,
se recusa sobre todo el marcado interés por la cuestión personal:
militancia partidaria, doble discurso, grupo de camarilla, liderazgo personal,
clientelismo partidario, etc. Estas prácticas políticas son fuertemente
cuestionadas, criticadas, donde buscan sanción moral o la separación
definitiva de los espacios sindicales porque estos dirigentes estarían
alejados de los intereses colectivos.
L@s jóvenes están profundamente socializados de valores políticos, éticos,
morales de la comunidad, entonces, cuando asumen cargos sindicales intentan
hacer sobre esas bases de la cultura política que predominan en la comunidad;
como muchos estudios han señalado que el cargo es percibido como un
deber, una obligación con la comunidad Patzi (2004), Albó (2002),
Ticona (2003) que deben respetar costumbres y tradiciones. Cuando ejercen con
esa ética política el dirigente suele ser respetado, con prestigio,
puede ser visto como un buen dirigente, por eso, cuando sea ex dirigente será como
fuente de consulta para cualquier otro dirigente. La nueva generación
parece plantear una nueva “cultura política alternativa” Zaratti
(2003), esto implica que se cuestiona la cultura política tradicional
practicada por la generación adulta, cuando están alejados de
los intereses colectivos, entonces, l@s jóvenes apuestan a revalorizar
el espacio sindical como una herramienta para darle mayor efectividad en sus
luchas, así alcanzar una mejora sustancial en las poblaciones indígenas,
para eso intentan despartidizar el espacio sindical, para que los cargos sindicales
sean ejercidos bajo el principio ético de cultura política comunal.
También la cultura política alternativa está en proceso
de construcción, vinculada a una propuesta que excluye al estado boliviano,
aunque es bastante difuso y amorfo. Es un proyecto político que sólo
existe en lo abstracto, en esquema de percepción de l@s jóvenes
dirigentes y que intentan efectivizar al margen del estado boliviano. Este
discurso político se manifiesta con mayor fuerza durante los tiempos
de conflicto con el gobierno, cuando los conflictos terminan en procesos de
negociación, esos discursos políticos tienden a bajar de intensidad
y se mantiene latente, subterránea, solamente circunscrito a la dirigencia
sindical.
La nueva visión sobre el mundo aymará se acentúa con cierto
interés en las nuevas generaciones que han tenido formación educativa,
que pretenden consolidar el proyecto político alternativo, cuestión
que se discute en los espacios sindicales durante las asambleas entre los dirigentes
jóvenes y adultos. Se puede deducir que por el momento no existe una
fuerte articulación sobre este proyecto político, porque una
franja importante de l@s jóvenes siguen anhelando la oferta de la ciudadanía
boliviana, quieren efectivizar la ciudadanía, entonces no están
convencidos por el nuevo proyecto de nación, más bien, miran
con mucha suspicacia, consideran un esfuerzo de largo aliento, además
un proyecto demasiado utópico. En ese sentido, asistimos por el momento
a un tiempo de mutación política que está en proceso de
construcción ideológica, por eso también es difusa, con
diferentes tendencias, inclinaciones, todavía no está consolidado
ni construido en los discursos sindicales.
En ese sentido, el espacio sindical se convierte en un espacio de confrontación
simbólica, de formación de los valores políticos, de construcción
de la ideología discursiva. En este contexto, l@s jóvenes tienden
a inclinarse a diferentes posturas ideológicas que están siendo
absorbidos por los adultos, por sindicalistas de carrera. Al ser participe
de los sindicatos significa la definición gradual de la tendencia ideológica,
hasta en algún momento pueden traducirse en una simpatía partidaria
o simpatía en algún dirigente carismático o por otros
cualidades políticas o ideológicas. La inclinación por
una u otra ideología, la simpatía partidaria, suele mantenerse
de forma sigilosa, latente, implícita, sólo se manifiesta el
discurso ideológico de autodeterminación de las naciones originarias,
la necesidad de una mayor ciudadanía boliviana. Estos referentes ideológicos
suelen ser recurrentes durante la lucha política, cuando están
gestionando los asuntos comunes. En todo caso, el recurso discursivo suele
adquirir como referente público, abierto al debate, donde se discute
en la asamblea, reuniones con las bases, mientras los enteres particulares
de inclinación personal partidaria no entra en una discusión
abierta ni pública, más bien serán más ocultadas
y subterráneas.
En este proceso de participación sindical l@s jóvenes que asimilan
valores políticos dominantes, hegemónicos, eso significa que
en el fondo aceptan la práctica política tradicional, que ellos
mismos en algún momento han repudiado y cuestionado, pero parece que
no tienen otra alternativa que aceptar, practicar, apoyar directa o indirectamente
la retórica política de los adultos, porque estos tienen el “poder
simbólico” Bourdieu (1990), que permite validar, haciendo aparecer
como válidas esas prácticas dentro de la organización
sindical. En esta correlación de fuerza política que establecen
l@s jóvenes no tienen suficiente poder político, están
mas limitados, restringidos, que no pueden trascender ni influir de manera
importante en la dirección ideológica de la estructura sindicales,
aunque l@s jóvenes no están de acuerdo con la práctica
política tradicional de los adultos, por ejemplo la formación
de cuadros de camarillas que tiene una práctica frecuente en el espacio
sindical.
Como hemos señalado, en l@s jóvenes existen distintas tendencias ideológico-políticas, también se puede observar prácticas políticas modernas, conductas políticas más relacionadas con la cultura política aymará, que contradice -hasta cierto punto- con los valores políticos predominantes en el sindicato. Esta hibridez de la cultura política se manifiesta en la fase de la elección de los dirigentes, en la práctica cotidiana de los dirigentes. Hay jóvenes que tienden a mezclar las dos lógicas al mismo tiempo durante el ejercicio de los cargos, en la gestión de políticas públicas, mientras otros, más se inclinan a rescatar los valores indígenas, prácticas y creencias aymaras, entonces, existe una firme revalorización de la cultura aymará, hasta se vislumbra jóvenes que intentan acceder a beneficios de la modernidad, buscan introducir cambios sustanciales en la parte administrativa, procuran entablar una relación de dialogo durante el proceso de confrontación en el gobierno.
La nueva generación suele mostrar cierta ambigüedad en su postura ideológica sindical: por una parte, expresan valores políticos que están asociados con prácticas comunitarias de identidad local (se consideran aymaras), fomentan las prácticas de solidaridad, reciprocidad, así como los vínculos afectivos, todavía son fuertes entre ellos. Estos valores políticos facilitan la construcción de identidad colectiva entre jóvenes pero como oposición a las políticas públicas de Estado y a la generación adulta, por otro lado, l@s jóvenes han asimilado valores de modernidad: individuación, cuando piensan que sus problemas de exclusión política y pobreza son suyos y de su responsabilidad individual; tienen ilusiones de conseguir una profesión, ser un comerciante exitoso, migrar a la ciudad para alcanzar una mejor posición social y económica. L@s jóvenes han asimilado los valores de eficiencia, racionalidad, inteligencia, competencia, de ser arriesgado, etc., como aspectos relevantes para alcanzar cargos de mayor relevancia a nivel provincial. Esto muestra, que existe la coexistencia de los diferentes valores sociales y políticos que marca a las nuevas generaciones indígenas como consecuencia de la inculcación que han recibido de las instituciones estatales.
Sin duda, coexisten distintas posturas políticas, valoraciones, expresiones y tendencias en l@s jóvenes que ejercen en el espacio sindical. Algunos desean dar una mayor eficiencia en la práctica política de los adultos, delegando la soberanía política para que los representantes tomen decisiones a nombre de sus representados. Ahí una predisposición de l@s jóvenes a modernizar el sindicato, para ampliar las brechas de la ciudadanía política. Es evidente, que l@s jóvenes en la organización sindical no pueden convertirse en actores políticos centrales, influyentes, de manera efectiva al interior de los sindicatos, porque en realidad sólo producen una pequeña incidencia política, cosa que no cambia mucho la dirección ideológica ni política de los adultos.
También hay jóvenes que aspiran a recomponer la práctica política con elementos de honestidad, responsabilidad, eficiencia, en los cargos ejercidos, promoviendo la revalorización de la cultura política aymará, prácticas rituales y la práctica de la política como servicio a la comunidad y no como interés personal como suele suceder con la mayoría de los dirigentes. Esto parece mostrar que los valores políticos están completamente opuestos en la forma de elegir y desempeñar los asuntos de interés comunal. Producto de estas dos lógicas parece suscitarse la lucha simbólica y política que busca su propio sustento político-ideológico para legitimarse como práctica apropiada y legitimarse para los tiempos actuales.
Finalmente, en los procesos de construcción de la cultura política alternativo siempre está presente la dimensión de género. Las jóvenes son protagonistas de los espacios sindicales, construyen valores políticos relacionados con el ejercicio de los cargos de autoridad sindical. Pero su participación es mucho menor que de los varones, sólo ocupan cargos de menor relevancia, por ejemplo secretaria que son cargos comunes; quizá esta actitud sea por hábitos tradicionales que predominan en los sindicatos, por otro lado, se puede intuir que son pocas las jóvenes que expresan el deseo de ejercer los cargos de mayor responsabilidad. Las jóvenes perciben que tienen los mismos derechos políticos que los varones, pero en la realidad no establecen fuertes luchas simbólica, aunque se sienten capaces, preparadas, generalmente son jóvenes que han recibido una educación importante, pero ciertamente tienen dificultades dentro de la estructura sindical.