Balance del estado de la investigación en torno al tema planteado
Hasta el momento se han generado varias discusiones sobre
el concepto de juventud, una de las posturas fue planteada por Claudio Duarte,
el mismo que señala
que l@s jóvenes constituyen un sector al cual se debe preparar para
que pueda asumir tareas del adulto. En ese sentido, l@s jóvenes son
puestos en una situación de inferioridad, de preparación hacia
la vida adulta (Duarte 1999). Otra postura que discute sobre la cuestión
de juventud es la perspectiva demográfica o estadística que define
a l@s jóvenes a partir de su condición etárea, que considera
adolescente a los que van de 12 años de edad hasta 19 años, los
que han superado los 20 hasta 25 años serían jóvenes (Baldivia
1997; Salinas y Crespo 1997).
La otra perspectiva es aquella que define a la juventud desde un punto de
vista generacional, entiende a las generaciones como grupos que comparten
visiones, estilos de vidas comunes en un cierto periodo de años con
una edad también común. En está línea también
Bourdieu se inscribe planteando el concepto de la división lógica
entre jóvenes y viejos que conlleva la cuestión del poder.
La división por edad, viene a ser siempre una forma de imponer límites,
producir disciplina en el cual cada quién debe mantenerse, donde cada
quién debe ocupar su lugar (Bourdieu 1990). Además, considera
que la juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen
socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos. Mucho de los conflictos
entre generaciones son conflictos entre sistema de aspiraciones constituidos
en edades diferentes, lo que para la generación adulta fue una conquista
de toda la vida, la generación joven lo recibe al nacer, de inmediato,
incluso, los viejos invocan la experiencia laboral que está asociado
con la antigüedad, mientras que l@s jóvenes invocan la formación
educativa que están garantizados por títulos. L@s jóvenes
aspiran demasiado pronto a ciertos derechos, mientras los viejos intentan
regular el ritmo de ascenso de l@s jóvenes, inculcando la importancia
de la edad para aspirar razonablemente a un puesto de trabajo (ibidem).
Desde nuestra perspectiva, no se puede delimitar a la población de
l@s jóvenes a partir de los límites de edad, tampoco podemos
entender a la juventud a partir de la preparación o socialización
exclusiva para un futuro inmediato. En ese contexto Enrique Criado (1998)
explícita la existencia de las diversas juventudes con sus propios
rasgos culturales y sociales. Nosotros partimos de la idea de que la juventud
se considera habitualmente al tiempo comprendido entre el periodo que va
desde la adolescencia (cambios corporales, madurez sexual, independencia
familiar, formación de un nuevo hogar, autonomía económica,
etc.), que representaría los elementos que definen la condición
de adulto (Cerviño et. al. 2001).
La categoría de la juventud es una construcción histórica
y social y no es una mera condición de edad. Cada época y sociedad
postula formas de ser joven, por ello la diferenciación social, las
distintas clases y segmentos sociales que configuran diferentes juventudes.
Así l@s jóvenes de sectores medios y altos tienen generalmente
la oportunidad de estudiar, postergar su ingreso a la vida adulta: se casan
y tienen hijos más tardíamente, gozan de un periodo de menor
exigencia, de un contexto social protector, mientras l@s jóvenes de
los sectores populares, en especial de sector rural tienen muy acortadas las
posibilidades de acceder a la moratoria social por la que se define la condición
de juventud, deben empezar a ayudar activamente a sus padres desde la niñez,
como señala Galland en las sociedades tradicionales no existen la juventud
moderna porque los individuos pasan directamente del status niñez a
una persona adulta (Galland 1996).
Por lo tanto, consideramos que los conceptos de “moratoria social” propuestos
por Margulis y Urresti, (1996) pueden ayudarnos a superar esta concepción
homogeneizante definiendo a la juventud como una condición que se
articula social y culturalmente en función de la edad -como crédito
energético y moratoria vital, o como distancia frente a la muerte-
con la generación a la que se pertenece en tanto memoria social incorporada,
experiencia de vida diferencial-, con la clase social de origen -como moratoria
social y periodo de retardo-, con el género -según las urgencias
temporales que pesan sobre el varón o la mujer. En el caso, de las
jóvenes mujeres, la maternidad prematura implica una moratoria diferente,
una urgencia distinta que altera no sólo el cuerpo sino que también
afecta la condición socio-cultural, y con la ubicación en la
familia que es el marco institucional en el que se articulan todas las otras
variables.
Existen pocos estudios acerca de la cultura política aymará, la participación de l@s jóvenes indígenas en los espacios sindicales, entonces el tema está escasamente explorado que merece un profundo análisis científico para conocer la formación de los valores políticos, la exclusión política, la lucha simbólica entre generaciones. Mientras, existen muchos estudios sobre l@s jóvenes urbanos en Bolivia y con diversos enfoques teórico-metodológicos (consumo cultural, socialización familiar, laboral, escolar, religión y mercado laboral). El escaso interés en el tema de jóvenes del área rural, en comparación con la juventud urbana, se debe quizá en parte, a que l@s jóvenes indígenas del campo nunca han constituido movimientos juveniles, tampoco se han convertido en grupos de pandilla, si bien existe una escasa participación de l@s jóvenes en los espacios sindicales, pero tiene una enorme importancia porque estos jóvenes serán los futuros dirigentes que probablemente que conduzcan el movimiento indígena.
En todo caso, nuestro estudio se apoya en algunos estudios teóricos que han desarrollado en la ciencia social y política. Hasta el momento se puede identificar dos acercamientos o miradas distintas que se han realizado sobre la población indígena-aymará. Una de ésta postura está vinculado a los trabajos de Silvia Rivera, que considera al sindicato como espacio de la ciudadanía boliviana. El sindicato desde que se constituyó, para los sectores sociales de la sociedad boliviana, pero paradójicamente habría mostrado en los hechos reflejado una relación colonial de exclusión social, estratificación colonial, muchas veces, estos aspectos serían imperceptibles para las propias personas que soportan directamente ésta escalonada discriminación estructural. Para la autora, el sindicato habría sido impuesto desde el estado populista de 52, que ulteriormente fue subordinado, manipulado, bajo las prácticas políticas de clientela, en ese sentido, el sindicato sería un instrumento político de dominación, de subordinación (Rivera 1987/1993).
Muchos trabajos consideran que la institución sindical como espacio
de socialización de los valores modernos, occidentales, donde moldean
las maneras de pensar e impone la disciplina sindical Rivera (2003). Además,
la autora ha privilegiado en su estudio aspectos vinculados a las demandas
políticas, que muchas veces se habrían truncado por estar cooptado
por sus dirigentes sindicales al estado. En esta misma línea Patzi,
ha desarrollado varios estudios ligados a los movimientos indígenas,
en especial el autor ha descrito el proceso de la evolución del conflicto
de los movimientos indígenas desde el año 2000, de manera sostenido
ha enfatizado las demandas políticas planteadas estos sectores indígenas
Patzi (2002/2004). También Alison Spedding ha hecho estudios sobre los
movimientos sociales, los bloqueos campesinos en los Yungas, pero en su trabajo
ha priorizado la organización espontánea de los actos de bloqueo
Spedding (2002/2004). En mucho de los trabajos han priorizado la demanda de
los movimientos sociales indígenas, diferentes grados de formación
de valores políticos, pero l@s jóvenes están ausente en
estos trabajos. Además, las nuevas generaciones no han merecido ninguna
atención en estos estudios, en todo caso, han desarrollado con mayor
amplitud aspectos de la demanda social, política, la organización
política durante los días de bloqueo, y sus impactos en las ciudades.
Quizá uno de los estudios de Ticona (2003) que se acerca mucha más
a nuestro objetivo de investigación, porque analiza concretamente la
formación política de los tres dirigentes de la Federación
Departamental de La Paz, da cuenta la práctica política de estos
dirigentes, pero no analiza el conflicto generacional, la formación
de liderazgo con rasgos de modernidad occidental y valores políticos
aymaras. En este contexto, nuestro objetivo es analizar ¿con qué valores
políticos (modernos o tradicionales) están formándose
l@s jóvenes en su proceso de liderazgo?
La otra postura ha hecho una lectura centrado en la comunidad, durante mucho
tiempo en la ciencia social. Estos estudios han ligado la cultura política
de las comunidades con la organización política, trabajo colectivo,
de las poblaciones indígenas. Se puede destacar algunos trabajos de
Xavier Albó (1985/2002) donde ha destaca el sistema rotativo de las
autoridades, sobre estas autoridades habría un control comunitario durante
el tiempo que dura el ejercicio del cargo. También Patzi (2004) resalta
la toma de las decisiones políticas en las comunidades, las autoridades
que han sido designados por el sistema turno, sólo ejecutarían
las decisiones que fueron tomadas por la comunidad; así puede convertirse
en una buena autoridad de su comunidad. Gutiérrez (2001) puntualiza
que el ejercicio de la soberanía política estaría en manos
de la población indígena, esa soberanía no sería
delegada a las autoridades. En esta perspectiva, Antoja (2001) analiza la forma
de organización política de los ayllus, intenta mostrar la dinámica
de las autoridades rotativas de los cargos. Los trabajos de Plata et. al. (2003),
Nicolás et. al. (2002) describen el cumplimiento de los deberes colectivos
a favor de la población, la cual garantiza los derechos sobre la tierra,
derechos políticos y económicos, etc. El trabajo de Ticona (2003)
hace alguna mención puntual sobre la participación de l@s jóvenes
en el ejercicio de la autoridad. Considera que l@s jóvenes empezarían
a ocupar cargos de menor importancia política, cargos designados exclusivamente
para las nuevas generaciones; esta situación sería como una norma
política socialmente aceptado, porque deben ir aprendiendo un cúmulo
de habilidades y conocimientos políticos las nuevas generaciones.
En este trabajo rescataremos los conceptos de cultura política que fue
desarrollado por varios autores: Lazarte (2002), Flores, et. al. (2003), Torres
et. al. (2003) que vinculan este concepto con la democracia, con las percepciones
políticas que tienen con respecto a las instituciones democráticas.
Este concepto implica sistema de valores, normas y orientaciones que pueden
traducirse en las percepciones. Sin embargo, el estudio de Zaratti (2003) intenta
superar la manera de entender la política, no solamente se reduce a
la participación política en los espacios poder estatal, sino
también se puede hacer política en grupos sociales y organizaciones.
Peschard (2002) inspirado en la idea propuesto por Almond y Verba desarrolla
un interesante estudio sobre la cultura política, pero la autora está pensando
en la consolidación de la democracia mexicana. Si queremos entender
la cultura política de l@s jóvenes dirigentes en los sindicatos,
implica hacer un esfuerzo para adaptar estos conceptos para que nos ayude a
entender la práctica, valores y actitudes políticas que están
predominantes en estos ámbitos.