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EL CAPITAL SOCIAL Y LA GENERACION DE EMPLEOS Y BIENES PUBLICOS
Las comunidades rurales y barrios populares urbanos

Presentación

1. Capital social y posibilidades de desarrollo

2. Creación de fuentes de trabajo

3. Producción de bienes públicos

4. Los escenarios de estudio: Patacamaya, Pucarani y El Alto


3. Producción de bienes públicos

Tanto las poblaciones rurales como los barrios populares urbanos han tenido que enfrentar el problema de la carencia de servicios básicos, como salud, saneamiento, educación, agua potable, alcantarillado, electrificación y áreas de recreación. No obstante, los comunarios y los vecinos han resuelto dichos problemas de algún modo, donde el trabajo de acción comunal ha sido una estrategia fundamental para satisfacer las diversas necesidades de manera colectiva, a partir de una discusión, planeación y trabajo conjunto. De esta forma se han construido muchos centros de salud y educación por ejemplo, en las comunidades rurales y zonas periféricas urbanas.

En el campo, los comunarios -sobre todo hasta antes de la aplicación de LPP- han construido postas médicas, escuelas, colegios, sistemas de agua potable, campos deportivos y sedes sociales, valiéndose fundamentalmente del trabajo de acción comunal, además de aportar con recursos económicos para la electrificación rural. Esta modalidad de trabajo mancomunado ha sido un pilar fundamental para enfrentar y resolver las diferentes necesidades, donde las relaciones de solidaridad y ayuda mutua tuvieron un papel significativo en el impulso de la acción colectiva. Sin embargo los comunarios, a pesar que han aportado económicamente para la construcción de escuelas o sedes sociales, obras que no generan ningún remanente económico, no muestran esa misma disponibilidad para establecer una “empresa” económica, como podría ser la compra de una maquinaria agrícola por ejemplo. Cuando los comunarios intuyen que los resultados de una acción comunitaria pueden originar ganancias económicas, no tardan en asumir una posición negativa frente a la posibilidad de concretar un proyecto de esa índole, argumentando las consecuencias nefastas que puede causar. Entonces, sólo los proyectos que no producen beneficios económicos motivan un apoyo comunitario.

Por otra parte, con motivo de la implantación de la LPP, el trabajo de acción comunal parecer perder importancia en la medida que las autoridades municipales adoptan decisiones unilaterales o cuando la contribución de los comunarios se considera como mano de obra pagada en los informes de descargo. Además, como los comunarios saben que los recursos económicos de coparticipación llegan según el número de habitantes del municipio, entienden que el gobierno municipal tiene la obligación de hacer las obras en su integridad. Esto también debilita esa modalidad de trabajo mancomunado.

En tanto que en los barrios populares urbanos, la ejecución de obras de infraestructura de servicios básicos, se ha hecho también con un aporte importante de mano de obra vecinal, es decir el trabajo de acción comunal, que tiene mayor relevancia en zonas periféricas o de nuevas urbanizaciones. Pero una vez que se satisface la mayor parte de los servicios básicos y se logra el mejoramiento urbano (cordones de acera, asfaltado de avenidas y calles), el trabajo de acción comunal tiende a declinar, en la medida que hay una menor interacción social. La gente tiende a dedicarse casi exclusivamente a sus actividades particulares, dejando de lado las tareas de interés comunitario. Entonces, la cooperación ciudadana en la producción o mantenimiento de los bienes públicos parece disminuir en los barrios populares, y peor cuando las autoridades municipales no hacen participar en la priorización, gestión y ejecución de obras públicas.