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EL CAPITAL SOCIAL Y LA GENERACION DE EMPLEOS Y BIENES PUBLICOS
Las comunidades rurales y barrios populares urbanos
1. Capital social y posibilidades de desarrollo
2. Creación de fuentes de trabajo
3. Producción de bienes públicos
4. Los escenarios de estudio: Patacamaya, Pucarani y El Alto
1. Capital social y posibilidades de desarrollo
El capital social entendido como una red social configurada a partir de las relaciones interpersonales e intergrupales basadas en valores, sentimientos, actitudes, comportamientos y acciones de confianza, reciprocidad, solidaridad y cooperación, constituye un factor importante para el impulso del desarrollo económico y desempeño político 2, toda vez que los proyectos, las fuentes de trabajo, el rendimiento eficiente de la política, alto nivel de capacitación humana y la creación de la riqueza, son al fin y al cabo productos humanos y no obedecen tanto a factores naturales. De la misma forma, la pobreza y la miseria que sufren las sociedades del Tercer Mundo tampoco son un destino fatal, sino un resultado de las cosmovisiones, inquietudes, proyecciones y modos de trabajo que han desarrollado los habitantes desde la cotidianidad de su existencia. Es decir, el desarrollo o la miseria no son una bendición o maldición de alguna fuerza sobrenatural sino frutos humanos. Una sociedad se desarrolla conforme con sus potencialidades humanas, porque una acción conjunta entre gobernantes y gobernados puede posibilitar la construcción de un mejor destino, pero esto depende mucho de los valores compartidos por la mayor parte de las personas, así como de las actitudes que asumen frente al medio donde viven y las acciones que realizan. Porque un determinado sentido de vida que enarbolan los diferentes sectores sociales, afecta notablemente sobre la proyección, gestión y concreción de planes de desarrollo económico y social, promoviendo o entorpeciendo la realización de los objetivos y metas individuales o colectivas.
Los diferentes estudios han mostrado que existe una significativa correlación entre el grado de capital social y los niveles de desarrollo económico, social y político alcanzados por las diferentes sociedades del mundo, esto significa que los países que cuentan con un capital social elevado son sociedades prósperas, mientras que aquellas naciones que tienen poco capital social son pueblos atrasados donde la pobreza azota a una mayor parte de las personas 3. Ya no hay duda acerca de la influencia del capital social sobre el desempeño económico y político, tampoco sobre las posibilidades de su fortalecimiento y debilitamiento, porque los valores de confianza, reciprocidad, solidaridad y cooperación no se logran de una vez para siempre, sino que se van reproduciendo o mejorando a partir de las diferentes acciones interpersonales y las experiencias de trabajo comunitario. El capital social surge desde las relaciones y acciones sociales que se van dando desde la convivencia humana; por eso es que se considera como un capital singular que depende de su uso, que cuanto más se usa más se fortalece o se expande el radio de confianza y cooperación; es decir: “A diferencia de las otras formas de capital que se consumen con su uso, es la única forma de capital que cuanto más se usa más crece.” 4 El amor o las actitudes cívicas no se caracterizan por ser recursos limitados como otros factores de producción, sino por el contrario, se incrementan cuanto más se aprovechan dichos elementos de intersubjetividad. Pero si no se emplean, si no hay una relación interpersonal y acción conjunta entre los prójimos para producir bienes que beneficien mutuamente a los participantes, el capital social disminuye. Porque el asunto del desarrollo obedece significativamente a elementos sociales, culturales y políticos, dado que finalmente son las personas las que generan el nivel de desarrollo de una determinada sociedad 5.
Ahora bien, el capital social no produce automáticamente el desarrollo,
porque puede haber formas de capital social que no promueven necesariamente
la producción de bienes y construcción de una convivencia solidaria,
sino por el contrario impulsan la destrucción de la estructura moral
y de los bienes materiales. Es un capital social que se mueve para destruir
y no para construir. Por ejemplo la delincuencia organizada, el narcotráfico,
los grupos terroristas así como las identidades étnicas extremas,
se basan esencialmente en formas de capital social que impulsan la destrucción
a partir de una cohesión social fuerte hacia el interior del grupo y
una desconfianza y odio hacia el ámbito externo del mismo 6.
En esta perspectiva, en las comunidades rurales y los barrios populares urbanos
se
puede observar que existen formas de interacción social que son más
fuertes en ciertos ámbitos de convivencia, y débiles en otros;
asimismo, el capital social puede servir de mucho en determinadas situaciones
que viven las familias pero no así en otras.
A nivel familiar, las relaciones de solidaridad y cooperación mutua se expresan con más fuerza cuando algunos miembros o parientes se encuentran en una situación crítica, por ejemplo cuando sufren una pobreza extrema las personas tratan de ayudarse mutuamente para sobrellevar la carencia de recursos económicos, sin embargo cuando ven que salieron de esa condición adversa se aprestan pronto a distanciarse 7. Pero sucede lo contrario, cuando uno de los familiares empieza a acumular riqueza o prestigio social, porque los demás miembros tienden a tratar con cierto recelo e indiferencia, si es que no con envidia, es decir tratan de excluir de las diferentes reuniones familiares. De la misma forma, el que ha tenido un cierto éxito económico se va alejando paulatinamente de sus parientes, empezando nuevas relaciones con otras personas que más o menos comparten su situación socioeconómica, estableciendo relaciones de compadrazgo. Son pocos los que tratan de ayudarse mutuamente para mejorar la situación económica en que viven, por ejemplo estableciendo una pequeña empresa familiar, no sólo por motivos de sobrevivencia sino con el fin de agrandar dicha empresa 8. Es decir, la mayoría prefiere una microempresa individual que una empresa con varios accionistas, pues se considera a la primera como la más cómoda para una vida tranquila, porque ven que empresa grande requiere de mayor dedicación, esfuerzo y esmero.
Dentro de este contexto sociocultural caracterizado por una solidaridad de sobrevivencia y una suspicacia en la generación de recursos económicos, hay pocas posibilidades para fundar empresas comunitarias basadas en la confianza y cooperación mutua, porque la acción comunitaria sólo parece ser útil para sobrevivir en la pobreza y para satisfacer necesidades colectivas, pero siempre y cuando no genere excedentes económicos.
A primera vista, en las comunidades rurales y los barrios populares urbanos se puede ver que existe una disponibilidad muy notable para trabajar conjuntamente entre comunarios y vecinos, dado que los diferentes proyectos de construcción de infraestructura servicios básicos fueron materializados por el trabajo de acción comunal, pues esta modalidad de trabajo mancomunado ha sido la clave para concretar escuelas, colegios, sedes sociales, postas médicas, agua potable, alcantarillado, plazas y áreas de recreación. Pero cuando se observa con más detenimiento el asunto, se percibe que los valores de solidaridad y cooperación mutua sólo son útiles para determinado tipo de actividades, lo cual no necesariamente se extiende hacia los ámbitos de producción de excedentes económicos.
2 En la década del noventa, después de la publicación del trabajos pioneros sobre el capital social de Lawrence Harrison Undervelopment is a State of Mind: The Latin American Case (1985), de James Coleman Fondation of Social Theory (1990) y de Robert Putnam Making democracy work: Civic Traditions in Modern Italy (1993), se han publicado muchos estudios tanto desde la perspectiva teórica como empírica, pero a menudo se ha tomado como base conceptual estos trabajos, señalando que los valores que comparte la gente y el tipo de relaciones que se establece conforme a las percepciones, actitudes y perspectivas, influyen significativamente sobre el desempeño económico y político, condicionado el éxito o el fracaso, aparte de otros factores que también son importantes como el capital económico y capital humano.
3 Francis Fukuyama hizo un análisis interesante acerca del progreso y atraso de las sociedades desde un enfoque teórico basado en la noción de capital social, comparando entre países del primero y tercer mundo, llegando a la conclusión de que las sociedades con un mayor grado de capital social, que supone esencialmente las relaciones de confianza, se han encaminado hacia el éxito económico y político, en tanto que las sociedades con escaso capital social se quedaron estancadas, si es que no retroceden. Véase a Francis Fukuyama, Confianza: las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad, Buenos Aires, Atlántida, 1996.
4 Véase a Albert Hischman, “Against parsimony: three easy ways of complicating some categories of economic discurse”, en: American Economic Review, No. 2, Vol. 74, mayo, pp. 89-96.
5 Véase a Amartya Sen, El desarrollo como libertad, Barcelona, Paidós, 2000.
6 Tanto Rober Putnam como Francis Fukuyama han puntualizado este aspecto negativo del capital social, refiriendo como ejemplo a grupos como el Ku Klux Klan que generó odio y violencia.
7 Los comunarios o vecinos, en momentos de desgracia como los desastres naturales (sequía, inundaciones, deslizamientos, muerte), pueden llegar hasta a comer de una sola olla, como las famosas “ollas comunes”, sin muchas rencillas y miramientos interpersonales, pero cuando la situación mejora cada cual se va por su lado.
8 Dos
o más hermanos, primos o compadres pueden “juntarse” para
emprender una actividad económica, por ejemplo para establecer
un taller de carpintería, donde uno de ellos es “maestro” en
carpintería,
el otro tiene dinero para comprar maquinaria y materia prima y
otro tiene una casa en una zona comercial para abrir una tienda
de muebles; suponiendo que les
va muy bien en el “negocio” a los tres socios, pronto
aparecen los signos de recelo y miramiento, así como la
ambición de tener un
taller individual, entonces no tardan en proponer la división
de la supuesta empresa exitosa de muebles, porque ahora cada uno
sueña con tener su negocio
propio. Pocos estarán dispuestos a seguir trabajando juntos
y tal vez a incorporar en calidad de socios a otros familiares
más, con el fin de
incrementar el capital.