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Medios de comunicación y democracia: la cultura política de los comunicadores sociales en Sucre.
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PROYECTOSESTRATEGIAS DE DIFUSIÓN Y USO DE RESULTADOSINFORMES DE AVANCEARTÍCULOS Y ENSAYOSINVESTIGADORES |
2. Justificación3.Objetivos3.1. Objetivo general4. Balance del estado de la investigación a) Formulación de las problemáticas a investigar c) Fuentes para la investigación d) Técnicas para la recolección de la investigación
Uno de los rasgos distintivos de la política hoy, es sin duda la falta de correspondencia entre las demandas sociales y la capacidad de respuesta gubernamental. Desde los múltiples sectores sociales se hacen planteamientos que el Estado no puede cumplir, no sólo por factores como la crónica falta de recursos, la corrupción y la ineficacia gubernamental, sino porque, posiblemente, se demandan cosas que ya no corresponden a una realidad actual caracterizada, vía los procesos de modernización y de globalización, por un profundo redimensionamiento del espacio y del tiempo y una presencia de la economía de mercado cuyo código de valores ha “colonizado” la actividad política (Calderón- Lechner 1998: 11-44). Por tanto “existe no sólo un retraso en las formas de hacer política; igualmente notorio es el retraso en las formas de pensar la política” (: 14). Como es natural, ello ha conllevado un profundo malestar con la política que necesariamente afecta a la gobernabilidad: se pide que ella resuelva aspectos que no conciernen a su ámbito, como la corrupción o la pobreza, que más bien son males crónicos del propio Estado boliviano y de la política en general, lo que implica un desfase entre la democracia como posibilidad y la democracia como realidad es decir la disonancia, de la que hablaba Sartori , entre el ser y el deber ser de la democracia (1965). La democracia en Bolivia es un proceso donde sus componentes y actores no tienen la misma velocidad de cambio o de adaptación al nuevo contexto. Si bien se puede afirmar que se avanza en el terreno de la institucionalidad democrática no se puede decir lo mismo de su cultura política, la misma que en muchos aspectos es autoritaria y que se manifiesta en la paradoja de un abierto respaldo al sistema democrático meramente discursivo y un comportamiento político autoritario e intolerante. En esto tiene que ver, en parte, el “peso” que tiene el pasado en la cultura política, que se manifiesta en forma de clientelismo, prebendalismo, intolerancia y estatismo y que continuamente están tensionando la gobernabilidad democrática. Vivimos en una sociedad democrática y de mercado, pero todavía nuestros comportamientos políticos corresponden al Estado nacido con la revolución nacional de 1952 e incluso antes. (cf. Lazarte 1993; Irurozqui 2000). Por otro lado, un rasgo del proceso democrático boliviano es que los partidos políticos se encuentran en una profunda crisis de representatividad, lo que ha llevado a que sus funciones como son la de expresar y canalizar las demandas de la ciudadanía sean cumplidas por los medios de comunicación, cuya valoración y credibilidad por parte de la sociedad civil es bastante más positiva que la de aquellos. Según Jorge Lazarte: “los partidos no canalizan adecuadamente las demandas de la población, han perdido la función de expresar las inquietudes de la ciudadanía y tampoco la representan. En estas tareas básicas, los partidos enfrentan competidores más eficaces, el más importante de los cuales son los medios de comunicación” (2002: 3), que son mucho más creíbles y confiables que los partidos políticos. Baste mencionar, que una encuesta de percepción de confianza en instituciones sitúa a los medios de comunicación como la institución más creíble junto a la Iglesia Católica aunque, por la incursión de líderes mediáticos a la arena política, ésta confianza entre 1990 y 2001 viene descendiendo (PNUD 2002: 138-139). Como es natural, esta situación ha llevado a que los comunicadores sociales tengan una especial capacidad de influencia en la formación de la opinión pública, ya que son ellos los que “establecen el orden del día de los asuntos públicos bajo criterios selectivos que incluye unos temas a la vez que excluye otros. Ordena tales temas a modo de lista jerarquizada otorgándoles un rango de importancia y por último, los difunden con un determinado formato, atributos y enfoque interpretativo” (Exeni en PNUD 2002: 135), lo que al final convierte a los comunicadores en personas “poderosas, catapultadas por el poder de difusión que les dan los medios en los que trabajan” (Mesa en Gamboa 1999: 148) que llegan a influenciar no sólo en la agenda de la opinión pública (es decir qué temas se deben discutir y qué otros no) sino también en la agenda gubernamental. Si una elite se define como el conjunto de personas numéricamente insignificante, pero de una gran capacidad de presión e influencia ellos son una elite. No es extraño, por tanto, que la percepción que los comunicadores tienen de sí mismos y de su papel dentro de la democracia sea la de ser la representación “legítima y real” del pueblo, que les daría la posibilidad de censurar y de alabar aquello que a ellos les parece criticable y encomiable, lo que por supuesto socava la institucionalidad democrática. ¿Cuánto gana la democracia con esa crítica diaria y a veces injustificada al sistema de partidos?, ¿qué cultura democrática se transmite cuando desde los medios de comunicación se señala que la democracia sólo sirve a unos pocos y que es la culpable de la pobreza y de la corrupción?. O, en fin, ¿cuánto se contribuye a la democracia cuando desde los medios de comunicación se alienta y promueve acciones regionalistas y autoritarias[1]?, son preguntas que de ser respondidas podrán aclarar uno de los problemas centrales de nuestra época que tiene que ver con el rol que juegan los medios de comunicación en la democracia. Con estos antecedentes, es que justificamos nuestra investigación, ya que si partimos del hecho de que hoy los C.S. asumen una innegable importancia en la formación de la cultura política, a partir de su lugar privilegiado como emisores y generadores de discurso político, es justo preguntarse qué cultura política es la que en este momento están transmitiendo y si la misma contribuye a la consolidación de la democracia Determinar el rol que juegan los medios de comunicación en la democracia. a) Caracterizar la cultura política de los C.S. en Sucre, en tres ámbitos comunicacionales de masas como ser televisión, radio y prensa escrita. b) Analizar el proceso de legitimación e influencia de los C.S. c) Identificación y análisis de la cultura política de los liderazgos mediáticos. 4. Balance del estado de la Investigación Para esta revisión bibliográfica, hemos trazamos un recorrido teórico que va desde las conceptualizaciones de rango mayor sobre democracia y cultura política, para luego analizar los aportes que sobre el tema se han realizado en nuestro país. En la conceptualización de la democracia moderna confluyen tres teorías políticas que se han sucedido históricamente: a) La teoría aristotélica o teoría clásica que distingue la democracia como gobierno del pueblo o de todos los ciudadanos opuesto al gobierno de uno solo o de la aristocracia o gobierno de pocos. b) La teoría medieval que supone que el poder emana del pueblo de forma ascendente en oposición al gobierno del príncipe o del monarca ( representante de Dios) cuyo poder emana de arriba hacia abajo de forma descendente, esto implica un grado de secularización y separación entre la religión y el Estado y c) La teoría moderna surgida con el Estado nacional que opone al gobierno de las aristocracias el gobierno republicano. Lo notorio de esta última etapa es que se concibe la construcción de la República y sus instituciones con un alto grado de participación de la población y los ciudadanos. (cf. Bobbio y Matteucci 1988: 493-506) En la ciencia política moderna existen concepciones de democracia que oscilan entre una dimensión descriptiva y otra prescriptiva o axiológica. La primera dimensión pone énfasis en los procedimientos de formación del gobierno. Así se establece la importancia del mecanismo electoral como “procedimiento universal” y su periodicidad que garantizaría la renovación gradual de la sociedad en oposición a lecturas revolucionarias de la sociedad que aseveran que la renovación de la sociedad se da de forma de acumulación de conflictos que tienen su resolución final generalmente de forma violenta. De esta manera, la democracia sería comprendida como: El conjunto de reglas formales o procedimientos que organizan el voto por sufragio universal ; las elecciones libres correctas, competitivas y periódicas ; las estructuras de organización e intermediación representadas por los partidos en competición (dos o más de dos) ; la existencia de una estructura desicional y de control elegida con las normas ya mencionadas (Morlino 1995: 8) Como se puede apreciar es una definición procedimental y empírica de la democracia que prescinde de un sustento valorativo referidos a los ideales democráticos que pueden presionar la realidad cambiándola. Por otro lado, se encuentra la dimensión prescriptiva o axiológica de la democracia que pone atención a los valores democráticos sin los cuales la democracia carecería de todo fundamento estos valores son : libertad, pluralismo, igualdad, tolerancia, promoción de la paz, solidaridad para la mejora de la calidad de vida. En este contexto, se puede apreciar la definición de Sartori que indica que la democracia es un ”Sistema ético-político en el que la influencia de la mayoría esta confiada al poder de minorías concurrentes que la aseguran, precisamente mediante el mecanismo electoral” (Sartori 1995:17).Esta definición hace referencia al tema ético que sustenta el poder de minorías (representantes) que son capaces de asegurar la influencia o el gobierno de las mayorías. La concepción procedimental de la democracia y la concepción axiológica de la democracia no son excluyentes y más bien se las puede asumir como complementarias, de esta manera se puede asumir la definición del filosofo italiano Norberto Bobbio Un método o conjunto de reglas de procedimiento que tienen como objetivos fundamentales la constitución del gobierno y la formación de las decisiones políticas (aquellas de efectos vinculantes para toda la comunidad) que establecen quién está autorizado para adoptar tales decisiones y bajo qué especiales procedimientos asegurando con ello la más amplia y segura participación de la mayoría de los ciudadanos (Bobbio 1995:9) Por otra parte, el filósofo y politólogo Luis Tapia, en su libro Velocidad del pluralismo realiza una crítica a las concepciones liberales de democracia, partiendo del supuesto de que estas no reconocen la existencia del conflicto como elemento constitutivo de la democracia y más bien se pone énfasis en los procedimientos que posibilitan la sucesión de los gobiernos. Estas definiciones para Tapia reducen el hecho político a lo procedimental e institucional que se da dentro del ámbito estatal cuando el hecho político excede los procedimientos y no permite alcanzar el equilibrio que presupone la definición de la democracia como poliarquía : Mi programa consiste en pensar la vida política como una condición lejos del equilibrio también, en particular los regímenes democráticos; ya que en ellos esa inestabilidad se hace más o menos consciente, a veces es explicitada solo como origen, otras veces como condición permanente. (Tapia 2002:22). Entonces se debe pensar en la vida política como un ámbito de conflicto. Las democracias son regímenes, que al pretender solucionar estos conflictos no hacen otra cosa que ponerlos de manifiesto. Se puede decir que la crítica de Luis Tapia se centra especialmente contra la teoría de la gobernabilidad que admite la posibilidad de alcanzar equilibrios cuando existe un conjunto de instituciones que posibilitan solucionar conflicto en paz pero estableciendo claramente las condiciones de la autoridad democrática de la mayoría: La idea de equilibrio[...] lleva además , a un juicio normativo negativo sobre la acción de los sujetos que perturban el equilibrio, y esto se ofrece como una explicación. Debido a que unos no hicieron lo que se supone y se espera que hagan, se produce inestabilidad [...] crisis por que se hace otras imprevistas y hasta desconocidas (23) Para Tapia quienes presentan esta visión del equilibrio y de la gobernabilidad universalizan su punto de vista sin tomar en cuenta que la ingobernabilidad tiene como principal causa el proceso y desarrollo de la idea de la igualdad (propia de las democracias) lo cual socava las formas de autoridad y en consecuencia se incrementa la participación y la democracia. Entonces para restaurar la autoridad (pretensión de las teorías de gobernabilidad) habría que reducir democracia. Luis Tapia recuerda que el nacimiento de las democracias tienen como base la lucha por la igualdad e inclusión, pero la práctica democrática moderna logra incluir a los ciudadanos sólo en el momento de la selección de los representantes lo que legitima la exclusión de los representados de la política por el resto del tiempo, que pasan a ser observadores más o menos pasivos de las actuaciones de los representantes. Todo ello impide la realización de las capacidades deliberativas que era el corazón de la democracia en el tiempo de los griegos. Se pude decir que el núcleo del pensamiento de Tapia respecto a la democracia es considerarla como una condición lejos del equilibrio pese a algunos esfuerzos contemporáneos que pretenden mostrarla así: Me inclino a pensar la cosa democrática, esto es, la tensa y cambiante relación entre las querella de las desigualdades instaurada por las políticas de igualdad y la dinámica de los procesos de gobierno y dirección política de las sociedades, pasando por los diversos formatos institucionales que se organizan para vivir ese conflicto de maneras más o menos racionales, inclusivas y deliberativas (: 55) 4.2. Cultura Política demócratica/ Antidemocrática. La cultura política tiene dimensiones cognoscitivas, es decir, los conocimientos que la población tiene respecto del sistema político y también dimensiones afectivas que tienen que ver con los sentimientos que la sociedad tiene respecto de los hechos políticos. Almond y Verba distinguen tres tipos de cultura política tomando como parámetro la participación del ciudadano en la vida política de un país: La cultura política parroquial.- Es la que pertenece a sociedades simples donde las instituciones políticas no existen o se encuentran confundidas con las instituciones religiosas. La cultura política de súbdito.- Se presenta cuando existen evaluaciones, sentimientos y conocimientos respecto de lo político o del sistema político, pero los ciudadanos son incapaces de tomar un papel activo frente a esas evaluaciones juicios y sentimientos. La cultura política de subordinación se encuentra presente especialmente en regímenes autoritarios La cultura política de participación.- Los ciudadanos han formado conocimientos, sentimientos y evaluaciones respecto del sistema político pero ellos conducen a una participación activa del individuo en las cuestiones políticas. Es muy difícil pensar en que la participación amplia de los ciudadanos en la política se pueda dar en regímenes autoritarios por lo que la cultura política de participación es compatible con los regímenes democráticos. Según Almond y Verba la cultura política es: “un sistema de valores comunes básicos que contribuyen a moldear los comportamientos de la gente en una sociedad dada” (en Lazarte 2000:27). Ahora bien ¿cuáles son esos valores si es que se habla de una sociedad democrática?. La democracia definida desde el punto de vista axiológico reconoce como valores propiamente democráticos los siguientes: Tolerancia.- Entendida como el respeto al derecho del otro de opinar y actuar en forma distinta a la de uno . Se opone a la idea de fanatismo, es decir a la obediencia ciega de forma obstinada hasta el punto de obligar a otros a seguirla con el uso de la violencia. La tolerancia se expresa socialmente en el pluralismo El ideal de la no violencia.- que se expresa en normas y reglas de convivencia para la resolución de conflictos sin recurrir a la violencia, el adversario ya no es un enemigo sino un opositor. Esto exige un marco institucional legal que logre reducir al mínimo posible la incertidumbre que acompaña el juego político Esto se consigue reduciendo a su mínima expresión la discrecionalidad de la voluntad de los actores y, en lo que hace a la relación de las estructuras estatales, limitando el elemento no calculable en el ejercicio del poder político. (Balmelli 1995:125) El ideal de la renovación gradual de la sociedad.- Lo que se consigue mediante el debate libre de las ideas y el cambio de la mentalidad y la manera de vivir en un escenario de libertad de expresión irrestricto. Por otro lado implica también la sucesión de los gobiernos de forma pacífica mediante el libre voto popular y su periodicidad. El ideal de la fraternidad.- Que une a los hombres en un destino común lo que es posible con la participación de los ciudadanos en las decisiones que hacen a la cosa pública. La igualdad de los hombres.- O al menos la igualdad política de los hombres que se expresa en la breve fórmula “un hombre un voto” y la preexistencia de derechos iguales a todos los hombres de una sociedad. La libertad.- Entendida como respeto a la autodeterminación de cada uno, siendo responsable, ante todo, de sus actos y omisiones. 4.3. La democracia y la cultura política en la perspectiva de los teóricos bolivianos. Casi desde el inicio del proceso democrático gran parte de los esfuerzos teóricos han estado dirigidos al estudio de las condiciones en las cuales se puede lograr la gobernabilidad, si ella se entiende como un equilibrio entre demandas sociales y capacidad de respuesta gubernamental. En esa medida, algunos autores han señalado la importancia de la estructura institucional para la democracia que van desde estudios respecto a la formación de un sistema electoral independiente e imparcial hasta la discusión sobre el rol del poder legislativo. Otros análisis han enfatizado la importancia de una ley de Partidos Políticos y los conflictos que ella trae para su funcionamiento. Otros en cambio han auscultado la emergencia de nuevos liderazgos políticos en relación a su aporte a la democracia. Otros cientistas sociales, desde la perspectiva politológica, han evidenciado la importancia de la cultura política para el funcionamiento de la democracia. Uno de ellos es Jorge Lazarte quien en su Entre dos mundos afirma que “la democracia será tanto más frágil y expuesta a los efectos de conflictos o crisis sociales, económicos y políticos, cuanto menos apoyada se encuentre en una cultura que le sea posible. Este es el caso de Bolivia, cuya tradicional cultura política no es precisamente democrática.” (2000: 20). Lo que significaría que todo esfuerzo por consolidar y desarrollar la democracia siempre tendrá que ir acompañada de un desarrollo igual en la cultura política de la ciudadanía. También, el estudio de Gonzalo Rojas, Luis Tapia y Oscar Bazoberry va en la senda señalada, con la diferencia de que su análisis de cultura política se centra “en elites políticas y en que lo que otras elites piensan y hacen con relación a la política” (2000: 9), pero tomando en cuenta sobre todo el “tipo de percepciones que se tiene de las últimas reformas que reconocen nuevos derechos a indígenas, mujeres y otros sectores sociales, así como de los cambios y refuerzos en la institucionalidad que representan” (:XVII), que los lleva a plantear una hipótesis de trabajo, refrendada luego por el trabajo de campo, que menciona que hay dos sectores en la elite beniana, la primera, ligada a los empresarios agroforestales y ganaderos de una cultura política más conservadora y el otro sector, no ligado a ella, más comprometido con la democracia. Ahora bien ¿cuál es la articulación y las tensiones entre medios de comunicación y democracia?. Desde un punto de vista liberal los medios de comunicación son el necesario contrapeso del Estado y la garantía más eficaz para atenuar los abusos del poder que se expresarían en la violación de los derechos humanos o en la corrupción. Cuando emerge la democracia lo hace como una multiplicidad de voces que son recogidas por los medios de comunicación que actúan como el canal por donde se practica la libertad de expresión, base y sustento de un Estado de derecho. Merced a ese aspecto, los medios de comunicación gozan de un gran poder, ya que ellos “socializan determinado tipo de informaciones, sirven como legitimadores o deslegitimadores de las autoridades y de las políticas públicas” (Torrico 1992: 12), lo que deriva en la centralidad de los medios de comunicación en el hecho político. No obstante este poder no siempre ha sido acompañado de la necesaria mesura y responsabilidad de los comunicadores, como menciona César Rojas “la prensa denuncia, protesta y reprende cada día (...) pero denunciar, protestar y censurar no son por sí mismas virtudes que se deben cultivar y alabar. Pues, envueltas en distintas estrategias retóricas, muy bien pueden estar atentando (directa o indirectamente) contra la legitimidad de la democracia.” (1999: 77) y de esta manera más bien alentar aquello que se reprende ya que tal vez “sin querer los medios de comunicación han contribuido al falso concepto de que el buen político es el que logra conseguir el poder o mantenerse en él a costa de cualquier medio pisoteando la ética” (F. Cajías. Presencia. III. 87. 2). Por tanto, medios de comunicación por una parte y democracia por otra señalan tantos puntos de coincidencia como tensiones y puntos de conflicto. Por una parte son los instrumentos imprescindibles, mediante los cuales se expresa la gente, y que sirven para respetar los derechos ciudadanos pero por otra parte son una fuente de poder que asumidas irresponsablemente y en función de intereses privados y no colectivos pueden derivar en graves daños al propio proceso democrático. (cf Sartori 1998). Para proporcionar mayores elementos que contribuyan al proyecto es importante subrayar que, dentro el análisis de medios masivos de comunicación, existen dos posturas; por un lado, aquellas que ven a los medios desde un punto instrumental: omnipotentes, capaces y absolutos, con las posibilidades de cambiar la cultura, la ideología, las conductas. Dentro de esta misma postura, hay quienes definen a los medios de comunicación como vehiculizadores de progreso y modernidad. Como sintetiza Alfaro, “En ambos casos, estos son valorados como instrumentos operantes de gran capacidad para impactar de manera lineal y mecánica, sin mayores conflictos, sobre la mente y la sensibilidad de las personas, ya sea destruyéndolas cual arma mortífera o salvándolas cual pócima mágica de curación y mejoramiento”. (Alfaro 1993: 19). La otra postura, es la denominada de relación que postula la interrelación entre emisor y receptor, siendo este último no sólo depositario pasivo de mensajes, por el contrario es quien también afecta al emisor a través de su variable cultural. “...el receptor, selecciona y elige, une lo que vive con lo que ve, demanda y obtiene respuestas”. ((R.M.Alfaro 23, 1993). Esta es la postura la que nos parece interesa al trabajo, ya que si bien nuestro estudio no se centra en los efectos de los medios de comunicación sobre la población, nos parece importante afirmar que la recepción de los mensajes de los medios no es de ninguna manera pasiva. Esta postura es refrendada por Rafael Archondo quien entiende al proceso de la comunicación como la interrelación entre el emisor y receptor, desechando de esta manera la idea de que el receptor es un ser pasivo, siendo el emisor –comunicador social- el causante de todas las acciones o conductas que asuma el receptor, Archondo considera que los receptores participan del proceso de comunicación con toda su historia, su cosmovisión y como señaló Martín Barbero “con sus deseos y placeres” siendo el papel del emisor, recoger toda esta cosmovisión, - que además la comparte- introducirla en el discurso añadiendo elementos nuevos o novedosos que logren persuadir o convencer. “Díaz y López sostienen que toda relación comunicativa obliga a una de las partes o las dos a aceptar ciertos presupuestos para continuar la relación (...) no existe entonces la sumisión sin que se admita antes, un marco de referencia común que permita la comprensión mutua” (Archondo, 131, 1991). Sin embargo Archondo subraya que los medios de comunicación al reflejar la sensibilidad social, mercantiliza su discurso, pero a pesar de ello se presenta el fenómeno de retroalimentación del imaginario popular socializado a través de los medios masivos de comunicación. “Los medios de comunicación en su pugna por triunfar en el plano mercantil del rating, se ven obligados a incorporar las sensibilidades colectivas, logrando antes que un efecto manipulatorio, un proceso de reproducción de las cosmovisiones populares” ( Archondo, 77, 1991). Para Armand Mattelart, en la comunicación social existe una distancia de tipo mercantil, siendo el receptor del mensaje un simple consumidor de discursos. “Así la distancia que se observa entre emisor y receptor es una mera reproducción del espacio que media entre productor y consumidor” (Mattelart, 74, 1990). Además considera que los medios de comunicación son parte de la burocracia estatal siendo su función legitimar el discurso dominante. “El medio de comunicación (...) administra con su lenguaje vertical los presupuestos intocables de la legitimidad de este orden y lo erige en códigos de armonía social.” (Mattelart, 75, 1973). Por su parte en otro libro, Armand y Michele Mattelart, consideran que los medios de comunicación son los aparatos que posibilitan la hegemonía cultural del poder dominante. “...la radio y televisión son verdaderos aparatos de hegemonía cultural.” (Mattelart 1988:25) reforzando esta idea lanzan una pregunta “Si los medios masivos de comunicación han llegado a adquirir tanta importancia ¿no es por el interés político que presentan?” (Mattelart: 248). ¿Cuál es la articulación entre Comunicadores Sociales y cultura política?. En primer lugar sostenemos que los Comunicadores Sociales tienen una cultura política que tiene como base la intersubjetividad política de la sociedad en la que se encuentran, por tanto compartirán con ella el sistema de creencias y opinión, juicios y prejuicios políticos que la caracterizan. No obstante, ello no debe entenderse como si los comunicadores fueran meros repetidores de la opinión común, (si fuera así no habría la más mínima utilidad en estudiarlos). Ya que si la cultura política es un “producto de sedimentaciones históricas compuestas por una diversidad de experiencias y matices de creencias” (Rojas et. Al. 2000: 16), se podría afirmar que existen varios tipos de cultura política en una sociedad que, no por ello, configurarían una suerte de islas inconexas, sino que habrían puntos de contacto, de quiebre y ruptura y también puntos y momentos de influencia recíproca (para el caso que nos ocupa entre comunicadores y audiencia) donde la balanza estaría a favor del comunicador ya que, por el lugar que ocupa en la sociedad (es una elite), y por la imagen que tienen en el imaginario colectivo (el dogma de la imparcialidad periodística) tendrían la facultad de sancionar los criterios de verdad de los discursos políticos que circulan en una sociedad. (Foucault: 1980:). Como afirma Mayorga: Los medios de comunicación son una red privilegiada de circulación de los discursos y de construcción del hecho político, como dispositivos de creación y modificación de pautas de identidades sociales y como referente del accionar estatal y partidista (: 12). Por tanto el C.S. tiene el poder de socializar una determinada cultura política, que en algunos casos será coincidente con la de la audiencia, pero en otros distinta. Por último, recogiendo la opinión de varios politólogos diremos que la cultura política es un conjunto de actitudes, normas, creencias y valores sobre la política en general, el Estado, el Gobierno compartida más o menos ampliamente por los miembros de una sociedad. Contiene creencias sobre los sujetos políticos, sobre los otros y sobre uno mismo, en tanto participante de la vida política, a partir de los cuales se interpreta y se actúa de determinada manera en la política que, con sus propias características, está presente en todas las sociedades (Rojas 2000: 3; Lazarte 2000: 29; Sani 1988: 469-472) El objeto de estudio es el conocimiento de la relación entre los medios de comunicación con la democracia, que se abordará a través de la investigación del problema de la cultura política de los comunicadores sociales en Sucre. Los sujetos de investigación son los comunicadores sociales quienes para nuestro análisis son todos aquellas personas quienes como parte del campo político (Bordieu 2001: 9-31), a través de su trabajo en los medios de comunicación generan, difunden y transmiten discurso político[2] y a través del mismo cultura política. En sentido amplio incluyen tanto a los comunicadores (tanto profesionales como empíricos) y que trabajan como conductores de programas noticiosos, de entrevistas, de los llamados “bus programas”, de variedades y otros. Desde el punto de vista de las categorías de trabajadores de la comunicación no entran dentro del marco planteado, los comunicadores que conducen programas musicales, deportivos y otros por el estilo que en rigor no tienen como horizonte de análisis lo político. No está demás indicar que nuestro sujeto de estudio, el Comunicador Social, lo encontramos tanto en la televisión, como en la radio y en los periódicos. Uno de los problemas en el momento de operacionalizar la variable cultura política, es el riesgo de interpretar dicha cultura a partir de los parámetros que uno tiene, lo que es un error ya que la cultura política de una sociedad contiene una serie de subculturas muchas veces contradictorias entre sí. Podría haber una visión homogeneizante a una realidad que es heterogénea en sí .Si bien eso, de alguna manera es inevitable se puede controlar, a partir del diseño tanto de las encuestas, de las entrevistas y del análisis de contenido. Por tanto se deben elaborar las interrogantes no sólo a partir de las propias creencias –sobre la política y la democracia en este caso-, sino también a partir de un conjunto amplio de otras creencias que se sostienen y se han sostenido, como un modo de abrir el espectro de comprensión como una red más amplia para captar sentidos y variaciones de sentido” (2000: 4), lo que se reflejará tanto en el planteamiento de los indicadores en el caso de las técnicas cuantitativas, como en la aplicación de las entrevistas y del análisis de contenido de algunos programas que sean identificados en la encuesta a la población de Sucre como los de mayor audiencia. De esta manera, no nos limitaremos a preguntar al comunicador social sobre los aspectos que configurarían su cultura política, más bien trataremos de ver y contrastar cómo actúa esa cultura en el terreno de la práctica. Combinación de técnicas de investigación que, creemos, nos ayudará en mucho a resolver nuestro problema y a acercarnos a nuestro objeto de estudio. Por último, es posible, creemos, acercarnos mejor al objeto de estudio a partir de aplicar los conceptos de elites al análisis de nuestro sujeto de investigación, ya que si las elites dentro de la cultura política son aquellos grupos minoritarios numéricamente pero de gran capacidad de influencia en los temas de debate público, los comunicadores sociales ingresarían dentro de estos parámetros. a) Formulación de las problemáticas a investigar
· ¿Cuál es la relación entre los medios de comunicación y la democracia en Sucre? · ¿Cuáles son las características de la cultura política de los C.S. en Sucre? · ¿Son los C.S. vehiculizadores de pautas de cultura democrática o, por el contrario, están transmitiendo valores no democráticos a la población? · ¿Cuáles son las causas para la legitimidad del discurso de los C.S. · ¿Quiénes son los líderes mediáticos y cuál su cultura política. c) Fuentes para la investigación
d) Técnicas para la recolección de la investigación En Primer lugar, se realizará una encuesta de cultura política a todos los comunicadores sociales que fueron definidos como unidad de estudio en Sucre que indague en varios niveles que van desde lo general a lo particular a saber (cf. Rojas et. Al. 2000: 14-17). a) Política b) Ideología c) Interpretación de la historia d) Papel de Estado e) El papel de la economía de libre mercado f) Opinión de la reformas estatales g) Opinión de la actividad política, de los partidos políticos y de sus actores h) Causas para el subdesarrollo de Sucre. En segundo lugar se aplicarán entrevistas en profundidad a los comunicadores que hubieran sido identificados en la encuesta a la población como los más vistos, escuchados y leídos. En tercer lugar se analizarán vídeos de programas informativos y de opinión política y otros que sean escenario de emisión y de circulación de discurso político en el caso de la TV y de la radio, preferenciando los programas que hubieran sido identificados como los de mayor audiencia. En el caso de la prensa escrita se tomará como unidad de análisis los editoriales y la información política con la finalidad de: a) Establecer qué hechos políticos son los que merecen tratamiento informativo, las características de ese tratamiento y las opiniones que emiten. b) Permitirá contrarrestar y controlar la información que se brinde a través de la entrevista en profundidad, ya que como se sabe, ella tiene la dificultad de que un sujeto al ser entrevistado resignifica su realidad, lo que puede distorsionar la información. No está demás mencionar que las actividades de difusión y de información que se tienen previstos durante la realización de la investigación, también serán una fuente valiosa de información que será utilizada en el trabajo. [1] Hace poco, cuando se realizaban las elecciones nacionales, dos conocidos comunicadores sucrenses hablando a nombre de las “verdaderas aspiraciones del pueblo”, cuestionaban la presencia en esta ciudad del candidato vicepresidencial por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Carlos Mesa, endilgándole un paceñismo y un centralismo que, en criterio de estos comunicadores, hacía de Mesa un obsecuente defensor de la capitalía “ de la ciudad de La Paz. [2] Por discurso político entendemos al conjunto de actos comunicativos ilocucionarios (hacer entender lo que uno dice) y perlocucionarios (causar un efecto sobre el oyente) que tienen como referencia aspectos que se relacionan con el sistema político, sus actores y con el gobierno (cf. Habermas en Mayorga 1996: 30-35). |
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