“El
día es para respirar, para saludar, para recorrer muebles
y cambiar de sitio algunas cosas; el día es de oficinas,
de dimes y diretes y de gente buena y oportunista, y también
de pequeños odios y de carreras de velocidad, a ver quién
llega primero. El día es la superficie del mundo. La noche
no. La noche es la noche.” (Sáenz, 1984:19-20).