ETNOGRAFÍA
DE LA NOCHE PACEÑA
-
Con un encuentro furtivo el día y la noche
se separan cuando las luces diurnas se retiran ante la llegada
nocturna, este lapso comienza cuando el sol se oculta, la luminosidad
baja y cuando las sombras se confunden con las partes de la
ciudad.
-
Las
oficinas se iluminan unos momentos antes de ser cerradas, las
instituciones “educadoras” cierran sus puertas a
los niños y las abren a los adultos, las universidades
acogen a los trabajadores que aprovechan la noche pequeña
para aprender nuevos trucos, se cierran las instituciones públicas
y privadas, los trabajos de enternados, traje formal y “buena
presencia”.
-
La
visibilidad de la ciudad se transforma, las luces naturales
dejan de alumbrar a todos y a todo, las suplantan los focos
de colores dispuestos en letreros, postes, casas, comercios
y automóviles que alumbran solo el pequeño espacio
que los rodea. Así las sombras camuflan, ocultan, disimulan
y acogen a muchos seres invisibles de día. Aparecen los
noctámbulos paceños, aquellos seres que toman
la noche para las actividades más diversas, aprovechando
que quienes los invisibilizan de día ahora duermen, descansan,
no los censuran.
-
Salen
con el inicio de la noche. Los habitantes de la calle salen
a buscar comida en los basureros, a pedir dinero a ocasionales
personas que se les cruzan en su recorrido por la ciudad, salen,
también, a robar algunas cosas que les provean de otras
necesidades menos localizables en los deshechos de la urbe.
Salen los estudiantes y los oficinistas a tomar un trago en
el boliche más cercano a su institución. Salen
los trabajadores a comer algún alimento callejero que
se vende en cubículos metálicos.
-
Salen
los comerciantes de la noche a colocar letreros, en las puertas
de sus centros nocturnos que anuncien lo que su comercio ofrece:
“Veneno” dicen en uno con grandes letras verde fosforescentes,
anunciando un grupo de cumbia. “Se sirve singani, Rujero,
Casa Real, Ron, Cerveza” se lee en otros letreros hechos
en pizarras con letras de tiza. Algunos letreros anuncian grupos
musicales, otros anuncian comidas, bebidas, mientras otros letreros
anuncian que en esos boliches la entrada está reservada
a sus consideraciones o evaluaciones, por lo tanto que no cualquier
persona puede entrar en ellos..
-
Otros
comerciantes salen también durante la noche, aunque sin
letreros luminosos, ellos ocupan las calles que comienzan a
vaciarse de peatones diurnos con traje formal o con uniforme
y a llenarse de noctámbulos; ofrecen alimentos variados,
cigarros, dulces, llamadas telefónicas y una serie de
elementos necesarios tanto durante el día como durante
la noche, algunos comercios simplemente sufren un relevo en
su actividad de 24 horas y esperan atentos cualquier necesidad
ajena que les signifique una ganancia.
-
Los
bares, discotecas y pubs comienzan a abrir sus puertas, generalmente
con dos o tres hombres que se paran allí con los pechos
al frente, las espaldas rectas, los hombros alzados levantando
ligeramente los brazos y todo el cuerpo levantado como queriendo
ser más anchos con estas posturas, ellos resguardan la
seguridad de estos lugares semipúblicos y semiprivados,
se encargan de permitir o restringir el ingreso en algunos lugares
y de sacar a la gente que provoca peleas o está demasiado
ebria en otros.
-
Las
calles y las plazas del centro de La Paz comienzan a ser ocupadas
por jóvenes que salen de la universidad, que llegan desde
sus hogares o que simplemente salen a estas horas para encontrarse
con sus amigos. Entre el inicio de la noche y la noche misma,
estos jóvenes se reúnen en las esquinas, charlando,
algunos de ellos fumando y la mayoría tomando una cerveza
u otra bebida alcohólica. Se quedan allí sin prisas
ni censuras a sus coversaciones y risas que aumentan de volumen
con el pasar de las horas nocturnas.
-
El
Atrio del edificio principal, el “monoblock”, de
la Universidad estatal se desocupa de transeúntes que
salen y entran de esta institución. Se llena de grupos
de jóvenes que se disponen en semicírculos con
la mirada al centro, como en una ronda, proponiendo sus espaldas
como cerca o barrera delimitadora ante personas ajenas al grupo.
Estas rondas juveniles, ocupan el Atrio del Monoblock por los
costados, por el frente y también por el centro, comparten
la noche con algunos “chalequeros”, gente que trabaja
con un teléfono celular ofreciendo llamadas, a un peso
boliviano y que visten chalecos de diferentes colores fosforescentes,
ellos acaban su jornada laboral cuando las puertas del edificio
se cierran, y los grupos de jóvenes son varios. Sus últimas
llamadas son precisamente a miembros de estos grupos que se
atrasan o que no llegarán. El monoblock queda entonces
en posesión de los jóvenes. Cuando ya entra la
noche éste es su espacio, allí conversan, beben
(generalmente linazas calientes mezcladas con alcohol), se conocen,
se enamoran se besan, se pelean y luego vuelven a beber juntos.
La diversidad universitaria se muestra en este lugar, varias
veces una guitarra acompaña a los nostálgicos
que cantan nueva trova cubana y argentina. Junto a ellos otro
grupo canta ocasionalmente una cumbia, en una esquina los jóvenes
(changos en el lenguaje juvenil) de cabellos largo, pantalones
negros ajustados, botas y chamarras de cuero beben mientras
charlan de alguna banda de rock metálico. El Atrio, como
la universidad recibe a todos por igual y los expulsa aproximadamente
a la mitad de la noche, cuando un grupo de motos con policías
encima irrumpe en la escena, otras noches son los porteros quienes
ponen el fin a las noches en este lugar cuando salen a mojarlo
con una manguera. Se abandona el Atrio, quedan algunos olores
a linazas calientes mezcladas con alcohol, el olor de los cigarros,
de marihuana e inciensos y queda también la seguridad
de que estas escenas se repetirán el próximo fin
de semana.
-
Los
bares que se encuentran en las calles cercanas al Monoblock,
son los receptores de muchos de estos jóvenes, y de algunos
que sin pasar más de unos momentos en el Atrio acuden
a estos lugares buscando mayor cobijo a las temperaturas menores
a diez grados que hacen durante la noche paceña. Estos
lugares generalmente consisten en varios ambientes con mesas
y sillas llenando todo el espacio, en ellos se sirven cervezas
y “combos” una botella de ron o vodka acompañada
de una botella de gaseosa oscura o clara según sea el
trago, todo barato, máximo veinte bolivianos. En estos
lugares se oye mucha cumbia y música en español,
son lugares llenos de universitarios que abren sus puertas desde
la tarde, aunque es en la noche que se encuentran como verdaderas
sucursales universitarias, al extremo de que hace un par de
años, existía en la Cañada Strongest un
bar que se llamada rinconcito “San Andrés”,
y otro, “Bar Universitario”.
-
En
el bar el ambiente implica una mesa y sillas donde el grupo
se reúne y convers, esta colocación facilita el
contacto verbal y visual cara a cara, con las miradas de frente
y al rostro, por lo que la participación es oral y con
gestualidades reducidas porque además, la música
conduce a cerrar la mesa con la proximidad de unos y otros en
busca de oír y participar de la charla.
Aquí las personas, casi todas, tiene mochilas en sus
espaldas o morrales colgando a un costado de su cuerpo, otros
tienen cuadernos y fotocopias que dejan en una mesa o que guardan
en la espalda sujetándolos con el pantalón. Varios
awayos o tejidos de macramé en colores ocres se evidencian
en estos grupos, igualmente, es preponderante el uso de chamarras
y jeans. Las mujeres con cabellos largos, comparten en menor
grado la permanencia en los bares cercanos a la Universidad,
pero si están muy presentes en el Atrio del Monoblock.
-
En
otro lugar de la ciudad, donde de día las calles pertenecen
a los comerciantes informales, la noche llega con el cierre
de estos comercios, con la acumulación de deshechos y
basura de estos puestos de venta en forma de montañas
a lo largo de las calles que se acercan más a una verticalidad
que a una horizontalidad pues conectan el centro de la ciudad,
“la hoyada” con la parte de arriba, las laderas.
En estos lugares la noche comienza con los cargadores que desocupan
las tiendas ambulantes, con las barrenderas municipales que
se esfuerzan por levantar la interminable basura, con la apertura
de los boliches que se diferencian notoriamente entre bares
y discotecas, unos anunciando bebidas, las otras anunciando
los grupos de cumbia actuales. Esta noche se ve oscura, casi
sin luces, solo están presentes las rojas, azules y verdes
que salen de un bar o del letrero de una disco en cuyas puertas
se acumulan jóvenes entrando, saliendo o charlando. Varios
grupos solamente masculinos, con pantalones anchos, bandanas
en las cabezas, otros con los cabellos rapados a los costados
y otros con tintes casi anaranjados, se conjugan en la calle,
frente a una discoteca de la Avenida Baptista, muchos visten
colores cremas y otras tonalidades claras, Las chicas, en otros
grupos, algunas de a dos o tres, también esperan su ingreso
a la disco en la calle, se las ve con tacones y pantalones ajustados
que les llegan hasta el piso, a pesar de los tacos que se adivinan
por debajo, largos cabellos sueltos cubren sus espaldas con
chamarras cortas y ajustadas, otras, salen de la disco con poleras
pequeñas y escotadas.
-
El
ambiente se llena de sonidos de cumbia, algunos cantan y bailan
en la calle, hay una competencia de sonidos entre una y otra
discoteca, sobretodo desde la calle Pando con la discoteca Santana
II, pasando por la Plaza Eguino con la discoteca Fantasy, subiendo
por la calle Tumusla con varios alojamientos y bares, hacia
la Garita de Lima y la Avenida Baptista en la que están
las discotecas “Red Camel” e “Hipopótamo
Chuma” hasta casi el Cementerio General, en estos lugares
la noche huele a cerveza, a zapatos deportivos, que se venden
durante el día y que se lucen durante la noche entre
los jóvenes que se aglomeran ante la puerta de menos
de un metro de ancho por la cual se llega a la pista de baile
de los lugares más de moda.
-
En
la plaza Eguino, centro de compra y venta, que separa el centro
del ingreso a la zona comercial informal, la noche se llena
de vendedoras de comida y bebida, el comercio deja de ser de
ropa, zapatos y otros elementos provenientes de la diurnidad
de este lugar, la oferta comercial, en la noche, es de elementos
ingestivos. Alimentos fritos y rápidos, bebidas calientes
mezcladas con alcohol, y otros elementos cuyas vías de
introducción en el organismo no se restringen a la boca.
Hombres y mujeres algo mayores, reconocidos por los noctámbulos
frecuentes se acercan a sus clientes conocidos ofreciéndoles
cocaína o marihuana, garantizando que su mercadería
“es de la buena” y dictando los precios que no exceden
de los veinte bolivianos por un sobre o brete.
-
Cuando
la noche pasa las doce, varias mujeres aparecen en la Avenida
América, cercana a la Plaza Eguino y que sube a otro
punto más alto de la ciudad. Con tacones altos, abrigos
largos, faldas cortas y blusas ajustadas, se paran en las esquinas
de esta avenida, otras se sientan en algunas gradas que están
en la calle. Cuando la mirada las encuentra desde un ángulo
más cercano se ven facciones duras, rastros de años
de barbas en el rostro, y algunos vellos asomando por sus escasos
senos. Ellas se quedan allí las noches de fin de semana,
algunas con suerte abandonan temprano la calle, otras permanecen
hasta casi la madrugada.
-
Subiendo
por esta misma avenida, y entrando, a la derecha, por una especie
de callejón se ven otro tipo de mujeres, mayores, sentadas
en las graditas de una construcción que queda en una
esquina, esperando juntas, las dos mujeres no tienen a ninguna
otra alrededor. Solo doblando un poco más, hacia la izquierda,
se encuentran mujeres jóvenes, con menos ropa, tacones
altos y cabellos largos y peinados. Más allá en
la acera del frente, están mujeres ataviadas con polleras
y mantas en la misma actividad que las anteriores. En la jerga
nocturna esta calle se conoce como la “Calle del Pecado”
aunque su nombre oficial es Capitán Torrelio. Todas estas
mujeres comparten la noche y algunas calles en común,
todas esperan y esperan, son las únicas ocupantes de
estas calles. Por la avenida América, también
conocida como avenida de las muñecas o de las magníficas,
se llega a la plaza Kennedy donde está la ex Estación
de trenes, este lugar casi desprovisto de alumbrado público
está rodeado de edificios de tres o cuatro pisos que
tienen letreros diversos que anuncian “alojamientos”,
allí comparten sus encuentros estas mujeres nocturnas
y los que las sacan de su espera. En la jerga del radiotaxista
noctámbulo estos lugares reciben el nombre de “tíos
Alejos”, nombre que conjuga tío por tiro (forma
de llamar al acto sexual) y Alejo por alojamiento, denominando
así todo lo que en estos lugares sucede.
-
En
el tradicional barrio de Sopocachi, la noche es diferente, comienza
más tarde después de las nueve. Las casas, con
cercas, puertas y techos de madera que se encuentran en la avenida
20 de octubre son las fachadas de diferentes boliches, los edificios
también cobijan varios “pubs” (mezcla de
bar y discoteca). Las plazas con jardineras limpias y llenas
de perros y niños durante el día, se llenan de
jóvenes que esperan a su grupo de amigos reunidos en
una esquina, alrededor de estas plazas los boliches han encontrado
una ubicación más próxima al punto de encuentro
de sus clientes. Sobretodo en la plaza Avaroa, los grupos de
jóvenes llenan el lugar, más aún en las
calles Belisario Salinas y la 20 de Octubre. Forman pequeños
conjuntos que se disponen en ronda todos mirando al centro,
a veces compartiendo un trago o cigarros, hombres y mujeres
muestran sus atavíos en la plaza, varios usan cadenas
colgando de sus bolsillos, indistintamente de si su pantalón
es ancho o ajustado o si se trata de hombres o mujeres. El cabello
corto es muy frecuente entre las mujeres y entre los hombres
un poco largo pero semiparado con ayuda de gel. La mayoría
de las chicas usa zapatos de tacón, muchas de ellas llevan
carteras de tiro corto que les llega justo al sobaco. Otros
grupos llevan pantalones anchos con sudaderas igualmente holgadas
que tienen capuchas y con las cuales cubren sus cabezas ocultando
más aún la visibilidad de sus rostros. Olores
a perfumes diversos se sienten en el ambiente de la plaza. Cuando
la noche comienza allí, huele a marcas y perfumes, a
maquillaje y peluquería, también huele a marihuana
y tragos, generalmente a ron o vodka, pero cuando ya avanza
la noche, el olor a trago y cigarros se hace mayor que los anteriores,
también el olor a gas lacrimógeno de los policías
que pelean la estadía en la plaza.
-
Varios
automóviles parqueados alrededor de la plaza dejan salir
por sus puertas o ventanas abiertas la música preferida
de sus conductores, de la mayoría escapan melodías
tropicales, cumbia “villera” de la Argentina. Algunos
de estos carros dan vueltas a la plaza con un grupo de jóvenes
a bordo y con la música “a todo volumen”.
De éstos, una peta y una vagoneta, dejan oir: “que
calor, que calor, oeooo, que calor que tengo yo.... que levante
la mano oeooo el que quiere un vino en cartón.....”
casi sincronizadamente, letra d euna canción “villera”
muy de moda en este lugar.
-
Cuando
la noche ya ha avanzado, en otro punto de la ciudad, cercano
a Sopocachi, en el barrio de San Pedro, los night clubs abren
sus puertas dejando ver en su interior oscuros ambientes escasamente
iluminados con focos rojos. Terciopelos rojos se ven en sus
paredes de ingreso y allí sillas ocupadas por mujeres
mayores a los cuarenta años y con un diámetro
superior al metro y treinta centímetros junto con algunos
hombres que conversan y ven pasar a la gente. Una tras otra
se ven estas puertas abiertas en la avenida 20 de octubre de
esta zona, sobre cada uno de sus dinteles hay un letrero que
anuncia: “El Swing”, “La Miel” “Ejecutivo”
y algunos con sus sucursales: “El Swing 2”. Se ubican
sobre una misma cuadra hasta cuatro de estos locales. Dirigiéndose
al sur de la ciudad, dos cuadras más abajo, se siguen
viendo estos letreros aunque no con la saturación de
la cuadra anterior.
Con la noche ya entrada, al pasar por el Atrio, se lo nota vacío,
solo algún grupo de tres o cuatro changos de cabellos
largos y ropa negra permanece en una esquina, casi camuflados
con la oscuridad de la noche, beben de una botella y casi pasan
desapercibidos.
Es a esta altura de la noche cuando la embriaguez citadina se
siente en las calles, en el barrio de Sopocachi, la plaza Avaroa
está llena de gente, varios grupos se hombres y mujeres
formando semicírculos se encuentran en las calles que
rodean a la plaza, sobretodo en la Belisario Salinas y en la
20 de octubre, sobre la primera, los grupos abarcan una cuadra
más hacia la avenida 6 de agosto, esta cuadra atrae a
los grupos por la presencia de “Don Hugo” un almacén
en el cual entran varias personas, unas tras otras, algunos
entran en grupos, todos salen de él con una botella,
ya sea de cerveza o de algún combo (vodka o ron con una
gaseosa), salen con vasos desechables, puchos y con bolsas en
las cuales mezclar el trago, la atención en “Don
Hugo” es acorde a las necesidades callejeras de los noctámbulos,
pues ofrece todos lo implementos para lograr una buena bebida
en esas situaciones, de hecho varias veces sale alguien de este
almacén a romper las tapas plásticas (de las botellas
de vidrio que hacen el trago salga lentamente) de las botellas
de varios grupos que las abren ahí en la puerta del almacén.
Incluso se rumorea entre los grupos, que si solicitas que te
mezclen el trago en “Don Hugo” ellos lo hacen.
-
Varios
de estos grupos usan la plaza y las calles para “entonar”
es decir para encontrar un grado mediano de embriaguez antes
de entrar a alguna discoteca o algún pub donde los tragos
son más caros, otros en cambio, se mantienen fieles a
las aceras y permanecen en ellas toda la noche, intercambiando
de lugares según sea necesario por la llegada de los
policías (en adelante canas o canelas) que rocían
con gas o que ocupan la plaza formando grupos homogéneamente
verdes en una similitud muy grande a los grupos de changos,
con la diferencia que ellos fuman menos y toman gaseosas (o
al menos eso parece). Algunos grupos intercalan una estadía
en las calle con otra estadía en un pub o discoteca donde
predomina el baile, esto implica un ambiente más privado,
la música más fuerte y el contacto de tipo visual.
Es en este ambiente en el que la corporalidad se hace estelar
para una participación con el entorno, por ello el atuendo
es tan importante y “lucido” en la disco, lo cual
no ocurre con frecuencia en un bar. Sin embargo en una típica
noche juvenil de fin de semana, por lo general se comienza en
un bar donde se bebe hasta estar “entonados”, o
en alguna plaza o calle y luego recién se va a bailar.
-
Yendo
hacia otro lugar de la noche paceña, pasando por la Avenida
Simón Bolivar, con las primeras horas del día
siguiente, varias mujeres salen de los locales que se encuentran
en esta avenida, cercanos al Estadio Hernando Siles. Ellas con
tacones muy altos y faldas muy cortas, están luciendo,
algo más que las piernas a quienes quieran verlas. Acompañadas
entre ellas y con algunos hombres cerca, caminan por allí
o simplemente se quedan paradas, según el “Gatito”,
un radiotaxista experto en las noches paceñas, ellas
andan con la “mercadería al aire”, para conseguir
compañía.
En el barrio de Miraflores, al cual se ingresa por el mencionado
Estadio, la noche es a puerta cerrada. En un recorrido por la
avenida Busch, lo que se observan son una serie de casas que
son conocidas como “privados”. A estos lugares se
accede con alguien que ya los conoce, son lugares donde se bebe,
en ambientes privados o de uso exclusivo para un solo grupo
de amigos o colegas del trabajo que según el “Gatito”
son “los adúlteros”.En estos locales se encuentra
trago a precios muy elevados y se encuentra también la
compañía de mujeres elegantemente ataviadas que
hacen beber a los clientes.
-
Llegando
a Villa Fátima, antes conocida como “Villa Cariño”,
los boliches son de tipo más peña y discoteca,
como el “Kory Punku”, casi no hay gente rodeando
sus puertas, pero esto no es señal de que estén
vacíos, por el contrario, son sumamente frecuentados,
varios de ellos tienen dos o tres sucursales, rumorean que éstas,
más el original, pertenecen a una misma familia que monopoliza
los centros de diversión de la zona.
-
Según
los conocedores de la noche, en Miraflores y Villa Fátima
se encuentran los mejores lugares, y la mejor “mercadería”
femenina, mencionan algunos que se han cerrado como “El
Castillo” y otros más actuales como “El Varieté”
del que dicen que es el mejor, también existen lugares
tradicionales entre estos centros nocturnos como “El Tropezón”
del cual mencionan conocer a la dueña y que era uno de
los más reconocidos hace años pero que tuvo un
asesinato en sus ambientes por lo que ahora solo vive de los
recuerdos de una época mejor.
-
Con
el pasar de las horas, la noche se adueña más
aún de la ciudad, los escenarios cambian y también
las dinámicas. Volviendo al centro de la ciudad a Sopocachi
y San Pedro: Varias calles se llenan de changos, cuando la noche
ya es alta, de los boliches tipo bar de la calle cañada
Strongest, un poco más arriba de la Plaza del Estudiante,
salen varios jóvenes con sus botellas plásticas
en la mano, algunos incluso consiguen del boliche, vasos plásticos.
Salen a beber en las puertas de estos lugares, también
salen a pelear, ocupando toda la calle sin preocupaciones por
los autos, se lanzan unos cuantos golpes antes de que su grupo
de amigos los separe sujetando cada uno al contrincante que
apoyan. De estos bares, también se escabullan parejas
a darse besos y abrazos entre las sombras de los postes sin
focos. Escenas similares se viven en la Plaza Avaroa donde la
gente está llenando los alrededores de la plaza que a
veces está vacía y otras llena de canas.
-
Con
la madrugada, varios lugares se vacían, a eso de las
cuatro y media que cinco de la mañana, las discotecas
y pubs comienzan a cerrarse, las calles y plazas comienzan a
vaciarse, quedándose con botellas vacías y colillas
de cigarros como testigos de la noche que va acabándose,
se ven a esta hora, varios puestos de comida como hamburguesas,
hot dogs, o salchipapas, llenos de gente que pretende alivianar
la borrachera con comida. Varias personas apoyadas en una pared
o en un poste vomitan el trago ingerido, algunos están
solos, otros con un grupo de amigos que parece muy concentrado
en su conversación como para prestarle mayor atención.
-
La
América, la Eguino, Villa Fátima, La Simón
Bolivar, Los night clubs y table dances, se vacían, las
mujeres de estos lugares aprovechan las pocas horas que quedan
para “pirañear”, es decir para ir a rematar
la noche, independientemente de si hubo buen trabajo o si su
espera fue de toda la noche, este remate consiste en trabajar
con rebajas, tratando de encontrar una pareja ocasional en un
boliche en la plaza Villarroel al que le dicen la “pirañería”.
-
Varios
noctámbulos se quedan durmiendo en la calle, muchos son
agarrados por dos o tres chicos que tratan como de alzarlos,
que meten sus manos en los bolsillos o que los dejan sin chamarra,
sobretodo por San Francisco, por la Garita, por donde se ven
varios “asaltados” caminando solo en calzoncillos
tratando de llegar a pie a sus hogares y donde contrariamente,
se ven muy pocos policías. Muchos noctámbulos
duermen acomodados en una acera, otros en unas gradas. De la
misma manera, varios comerciantes encuentran el sueño
en sus puestos de trabajo, despertando cuando alguien les pide
una hamburguesa o cigarros. Otros transnochadores, con la llegada
de la madrugada, se recogen, vuelven a sus hogares en taxis,
radio taxis y algunos a pie, se van a descansar. Cuando la madrugada
comienza a iluminar la noche con el día , el sueño
invade a los noctámbulos que abandonan sus espacios,
sus costumbres, sus dinámicas para ir a dormir.
La noche paceña es una inversión de los esquemas
tradicionales que dicen que el día es para trabajar y
actuar, mientras que la noche sería exclusivamente para
descansar y dormir en la privacidad del hogar. La noche paceña
nos muestra una realidad inversa: una estelaridad de muchos
personajes que se vive precisamente durante la noche, esta vivencia,
además, se manifiesta públicamente en las calles,
en las plazas, en las esquinas que son ocupadas por todos los
noctámbulos paceños. Es el tiempo de las actividades
censuradas durante el día, la borrachera, el sexo, la
comida, la violencia, etc..
-
La
noche paceña muestra la cara oculta de la sociedad, muestra
aquello que ni los sociólogos, ni los antropólogos
ni los analistas sociales reflexionan cuando hablan de una sociedad
armónica y tradicionalista, conservadora que trata de
rescatar “valores” a través de políticas
revivalistas como la clausura y censura de los centros nocturnos
o las propuestas de crear una “zona rosa” amurallada.
También nos muestra contradicciones tan provocadoras
para la crítica como la presencia masiva de policías
en el centro de la ciudad, en la Plaza Avaroa, en el Atrio,
resguardando la parte “tradicional”, institucional,
arquitectónica y “estética de la ciudad,
resguardando y protegiendo “la moral” de los jóvenes
de clase media; mientras hay cero control, cero protección,
cero seguridad, ningún policía en la Garita, en
San Francisco y la Eguino, en la Baptista y Villa Fátima,
donde la gente anda cuidándose sola o caminando sin ropa
luego de los asaltos acostumbrado en estos lugares.
-
La
noche nos muestra una urbe cosmopolita, con prácticas
y dinámicas que se oponen abiertamente a estas las diurnas
de comportamiento recatado, control y censura de las emociones.
En la noche se ríe a carcajadas, se bebe hasta la embriaguez,
se come a cualquier hora, en la noche el sexo se encuentra en
varios puntos de la ciudad, se vive libremente, se comercia,
aunque por el día esto se “repruebe” , en
la noche, se baila con la libertad del cuerpo, se muestra el
cuerpo, se lo vive en todo su erotismo dentro de una discoteca,
y se lo vive políticamente al usarlo como hito demarcador
de lugares en las calles, esquinas y plazas, o al defenderlo
o atacar con él. La nocturnidad ofrece pues las miradas
negadas, ofrece la visibilidad de aquellos seres invisibles
de día y presentes en todo su esplendor solo cuando comienza
la noche, nos brinda la posibilidad de un conocimiento más
completo de la realidad social que negada en su otra mitad solo
acepta lecturas parcializadas del comportamiento paceño.
|