Resultados de la Investigación
Para presentar los principales resultados obtenidos por la investigación, hemos organizado los datos en tres partes: I. Nociones de raza y diferencia racial, II. Nociones de racismo y, III. La construcción social de las nociones raciales.
Cuando hablamos de nociones hacemos referencia a los conocimientos e ideas que se tienen sobre un tema específico, en este caso sobre lo racial. Se trata de conocimientos casi elementales, es decir, que no están originados en una investigación o una profundización sobre el tema sino más bien en experiencias relacionadas con el mismo a partir de las cuales generan estas nociones. Dentro de las nociones raciales que hemos podido encontrar durante la investigación, resalta la presencia de esquemas de clasificación racial, los criterios de clasificación y/o reconocimiento racial y las nociones que aparecen a manera de conceptos locales pues se originan en experiencias autobiográficas o en conocimientos generales.
Estas nociones provienen de experiencias concretas y a veces difusas que forman parte de los recuerdos que tienen los universitarios en torno a lo racial. En este sentido hemos detectado dos fuentes de generación de estas nociones: Memoria semántica y memoria episódica. La memoria semántica, está basada en conocimientos generales que no son autobiográficos. La memoria episódica está basada en hechos autobiográficos. Ahora bien todo el conjunto de nociones, los criterios que intervienen en ellas, y los tipos de memoria de donde se generan conforman lo que, en esta investigación hemos llamado construcción social de lo racial.
I. Nociones de raza y Diferencia racial
Las razas en Bolivia: Esquemas de clasificación racial
Los esquemas de clasificación racial contienen de forma sintetizada las ideas principales, sobre las razas en Bolivia. En su interior están las categorías con las cuales definen a las razas pero de manera organizada. Esta organización se basa en experiencias que van asentándose en la memoria y que logran una especie de mapa construido de modo social en el que encaja todo lo que los universitarios consideran que son las razas en Bolivia. Por lo tanto, forma parte de los aprendizajes del proceso de enculturación, de forma tal que va pasando dentro de una sociedad a través del tiempo. Hemos detectado a partir de las respuestas textuales y dispersas de los universitarios y que presentamos en esta parte, cinco esquemas de clasificación racial en Bolivia:
- El esquema de clasificación racial de una raza
- El esquema binario de clasificación racial
- El esquema de clasificación racial de tres razas
- El esquema de clasificación racial de cuatro razas
- El esquema de clasificación racial de 36 etnias-nacionalidades
Cada uno de estos esquemas contiene referencias a categorías de clasificación y también a criterios mediante los cuales se realizan estas clasificaciones, al mismo tiempo hacen referencia a la construcción social de estas nociones, es decir de dónde “saben”, los universitarios, que esas son las razas que existen el Bolivia.
El esquema de clasificación racial de tres razas, o clásico-histórico (29.68%) se destaca considerablemente del resto de los esquemas que forman parte de la clasificación racial de Bolivia. Esto muestra que el esquema clásico de clasificación racial continúa vigente actualmente entre la población juvenil. El segundo esquema con el que los universitarios clasifican las razas en Bolivia es el esquema de clasificación racial de las 36 etnias-nacionalidades que tiene un 20.71%. Luego de estos dos esquemas, los jóvenes ven las razas en Bolivia como una dualidad, el esquema binario de clasificación racial, muestra esto al ser mencionado un 19.13%. El ultimo esquema considerable en esta clasificación racial es el esquema uni racial que tiene un porcentaje de 8.18%.
De manera general, este panorama de la clasificación racial de Bolivia, muestra que la clasificación racial clásica, es la forma más generalizada de pensar la diferencia racial en Bolivia. En consecuencia, las nociones de raza y diferencia racial de los universitarios están mostrando la presencia de esquemas históricos de clasificación racial, pero, paralelamente, muestra que el discurso actual de las 36 etnias-nacionalidades tiene una presencia significativa. Para profundizar esta presencia mayoritaria de dos esquemas, uno histórico y otro actual, pondremos el esquema de clasificación racial de cuatro razas como un esquema que hace referencia tanto a esta clasificación histórica como a la clasificación actual.
Estas tendencias a definir las razas en Bolivia usando el esquema clásico así como el de las 36 nacionalidades es una tendencia general pues al interior de las universidades y áreas de estudio en las cuales se encuentran las y los universitarios, no existen variaciones considerables[1].
Finalmente, hay que remarcar, en función de la clasificación racial, que se verá en todo el capítulo, que hay un 3.69% de los jóvenes que no saben o no responden a la pregunta “¿Qué razas hay en Bolivia?”, lo cual quiere decir que las nociones de raza están presentes de forma bastante generalizada dentro del nivel general de clasificación racial y muy pocas veces resulta un tópico sobre el cual no puedan expresarse las y los jóvenes universitarios de la ciudad de La Paz.
El reconocimiento racial en Bolivia
Al interior de cada esquema de clasificación racial, encontramos categorías de clasificación usadas por los jóvenes universitarios para nombrar las “razas” en Bolivia. Hasta ahora hemos visto los esquemas de clasificación de forma cerrada, en el gráfico ocho veremos la composición de cada esquema, es decir, qué categorías raciales se encuentran al interior de cada forma de clasificación racial.
El gráfico presenta las categorías porcentualmente significativas que componen los esquemas de clasificación racial. Podemos ver que en el interior del esquema racial de una raza. la categoría “mestizo” ocupa la gran mayoría de las respuestas, en porcentajes definitivamente muy bajos, al interior de este esquema ha habido algunos universitarios que han indicado que la única raza en Bolivia es la indígena o la afroboliviana, sin embargo, esto queda solo para mencionar las otras categorías pues porcentualmente no alcanzan el 2% del total. Dentro del esquema racial de dos razas, que podría considerarse un esquema de clasificación racial más rígido porque opone “lo blanco” y lo “de color” sin categorías intermedias, la categoría usada para denominar lo “de color” es “lo indígena” mencionado textualmente o en su variante actual de las 36 etnias-nacionalidades.
Una vez que hemos visto al interior de cada esquema, podemos conocer las categorías usadas por los universitarios en su lenguaje común. Estas categorías refieren también a una serie de nociones sobre las identidades, las razas, las etnias. Los criterios de clasificación racial proporcionan las razones por las cuales los y las universitarias clasifican a su entorno y a sí mismos como parte de determinadas categorías raciales, son los parámetros que usan para clasificar racialmente a las personas. Estos parámetros pueden ser sumamente amplios. Veremos, para ampliar esta perspectiva, los datos cuantitativos de las características de las razas en Bolivia, a saber: Características físicas, culturales, física y culturales, lugar de origen y una mezcla entre todas estas.
Las características de las razas en Bolivia, de forma general, muestran que las razas en Bolivia son entendidas a partir de la mención a características físicas de forma más recurrente (23.75%). Las características culturales alcanzan el 20.71%, el segundo porcentaje más alto en el gráfico 35. Esto refleja de manera más amplia y generalizable, lo expresado en las entrevistas, y es que una tendencia recurrente para explicar las razas en Bolivia, es usar descripciones de elementos culturales asociados a las “razas”
El tercer punto alto de las formas de caracterizar a las razas en Bolivia es el que combina las características físicas y las características culturales que llega al 18.34%.
Esto indica que los aspectos físicos como parámetro de clasificación racial, no llegan a ser suficientes para caracterizar una raza; sino que, para los jóvenes, hace falta otro tipo de elementos que lleguen a perfilar las características de determinada raza. La caracterización racial recurre a parámetros tanto físicos como culturales para poder definir cuáles son las características de las razas de Bolivia. El lugar de origen como criterio de clasificación racial abarca un 10.69% de las respuestas.
El “no sabe/no responde”, en el grafico 35 de características de las razas en Bolivia, merece especial atención puesto que alcanza el 16.36% de las respuestas. Esto quiere decir que si bien se pueden mencionar con facilidad las razas en Bolivia, no resulta tan fácil caracterizar estas razas. Se pueden mencionar las razas que creen existen en el país, pero cuando se les pregunta cómo son estas razas, o cuáles son sus características, muchos ya no responden. Esto mostraría por un lado que para muchos universitarios no hay parámetros con los cuales se puedan describir o definir cómo son las razas que sí identifican en Bolivia. Y por otro lado que saben nombrar grupos étnicos o raciales, pero como una repetición pues a la hora de profundizar en el dato ya no pueden entrar en detalles.
El panorama general de las características de las razas en Bolivia, combinado con las respuestas de las entrevistas, muestra que no existe un reconocimiento puramente físico, fenotípico o de pigmento de piel para poder decir cómo son las razas de Bolivia. Considerando que al hablar de las razas de Bolivia, hacemos alusión a un ámbito bastante amplio, general y de poco contacto personal, las razas en Bolivia pueden ser identificadas en base a esquemas de clasificación racial históricos que se asientan en las nociones raciales de las generaciones actuales; y por otro lado, las razas también pueden ser identificadas en base a nociones que incluyen las diferencias étnicas en la clasificación racial de Bolivia, debido a la influencia de los discursos multiculturistas actuales.
Para tratar de acercar las respuestas a ámbitos de mayor contacto social, aunque impersonal, con esta diferencia racial, se ha preguntado a los universitarios acerca de cómo reconocen las razas en la calle. En este sentido, se han explorado las formas de reconocimiento racial general, que no obedecen a la interacción social, al contacto. Es decir, donde se puede hablar del “otro” sin necesidad de conocerlo directamente, ni teniendo ningún tipo de contacto personal.
Más notoriamente que en las características de las razas en Bolivia, las características físicas ocupan un primer lugar como criterios de reconocimiento racial en la calle con el 42.88%. En segundo lugar está el doble parámetro de criterios características físicas y culturales como estrategia de reconocimiento racial con el 29.55%. Las características culturales, en este caso, llegan solamente al 8.97%, y si por un lado parece ser lógico debido a que este tipo de características no son observables en la gente de la calle, por otro lado, sí aparecen características culturales en mayor porcentaje, pero en combinación con las características físicas.
Por otra parte se puede ver que el criterio “todos somos iguales” (13.06%) que responde a un discurso de la “no diferencia”. Un alto porcentaje que arroja datos sobre la dificultad de otorgar criterios de clasificación racial a las personas que se observan en la calle, y que estaría en relación al esquema de clasificación uni racial. En contraste con las características de las razas en Bolivia, se opta, en este caso, por juntar las respuestas de “no sé” con la de “todos somos iguales” debido a que si no se puede reconocer razas en la calle es porque no se ve una diferencia racial y en consecuencia, se considera que todos somos iguales.
Las razas de mis compañeros, la raza de mi pareja
En este capítulo, exploramos cómo los jóvenes clasifican racialmente a sus propios compañeros de universidad y a sus eventuales parejas. En la primera parte veremos esta clasificación racial que tienen de su ambiente universitario y afectivo. Luego de lo cual revisaremos los criterios que intervienen para clasificar racialmente a sus compañeros y finalmente veremos también qué elementos de diferenciación social son importantes o más practicados por los jóvenes universitarios en La Paz
- Las razas de los compañeros de estudio
Inicialmente veremos, de forma general, las tendencias que tienen los jóvenes a la hora de definir racialmente a las personas con las que tienen un trato social próximo y cotidiano, es decir sus compañeros de universidad, para luego abordar la clasificación racial que hacen de sus parejas con quienes existen interacciones más íntimas.
Por un lado, veremos la presencia de la diferencia racial expresada en categorías como la mención a dos o más razas que identifican entre sus compañeros de estudio, especificando cuáles serian estas “razas”, pero también la mención de “varias razas” como forma no especificada de clasificación racial de las y los universitarios pero que, de igual forma, refiere a la percepción de una diferencia racial entre los compañeros de estudio aunque no se pueda precisar con la mención de las razas que compondrían esta diferencia, o que por otro lado consideren, que hay tantas razas que no se puede diferenciarlas. Por otro lado, veremos categorías como “todos somos iguales” que analíticamente forman un solo conjunto con la clasificación uni-racial de las y los universitarios. Hacer mención o no a la raza de la que se trata, refiere, de igual manera, a la noción de una sola raza entre los y las compañeras de estudio.
Algunos elementos como “no distingo razas”, o la “regionalidad” se han tomado en cuenta en esta parte debido a la presencia que tienen en la clasificación racial en la universidad. En tanto que la regionalidad refiere a la asociación a determinado lugar de origen como forma de clasificación racial, el “no distingo razas” muestra un discurso en el cual, se rechaza la idea de clasificar a sus compañeros racialmente, pero también muestra que en la práctica ya no se sabe de qué razas son las personas. Y si bien este tipo de respuestas estaba mínimamente presente en la clasificación racial en Bolivia (se encuentran agrupados bajo la categoría otros con otras expresiones), en la clasificación racial de los y las compañeras de estudio aparecen con más recurrencia.
Los siguientes datos cuantitativos corresponden a las respuestas de los universitarios ante la pregunta: “Qué razas identificas entre tus compañeros de estudio?”
Como vemos en el gráfico 10, cuando se trata de identificar las razas en el contexto más cotidiano de la universidad, hay una tendencia a mencionar una sola raza sea ésta mestiza o indígena. Esta tendencia en las respuestas de los jóvenes indica una noción de “igualdad” con la que se piensa a su contexto próximo de la universidad. SI bien mencionar una sola raza llega a significar el 34. 56%, esta noción de igualdad es mucho más amplia. Las respuestas que indican “somos una sola raza” o “todos somos iguales” (2,37%), también hacen referencia a una clasificación racial de uni racial aunque no se precise cuál sería esta raza. La misma idea de igualdad está contenida en las repuestas que indican: “no distingo razas” (5.15%) pues evidentemente responden indicando que no ven diferencias. En total, las nociones raciales de igualdad racial entre los compañeros de universidad, alcanza el 42.08%. Esta forma de identificar racialmente a sus compañeros de estudio, muestra que las nociones de raza y diferencia racial son muy diferentes entre un nivel general como son las razas en Bolivia y un nivel más cotidiano de contacto social como es la universidad.
Después de definir uniracialmente a sus compañeros de la universidad, la segunda tendencia es que los jóvenes ven la presencia de dos razas (21.24%) y tres razas (9.89%) entre sus compañeros universitarios. El gráfico 11 permite ver de forma detallada las categorías de clasificación racial que son mayormente usadas por las y los universitarios para clasificar a sus compañeros de estudio, dentro de estas dos o tres razas que mencionan. La categoría “mestizo” tiene una presencia sumamente fuerte en la clasificación racial que realizan los jóvenes universitarios de sus propios compañeros, si tomamos en cuenta no solo la respuesta única de “mestizo” que llega al 53.27%, sino haciendo aproximaciones con las otras respuestas combinadas, la noción de que en las universidades de La Paz estudian mayormente jóvenes “mestizos” alcanza aproximadamente el 70%, lo cual quiere decir que esta igualdad está caracterizada por la mezcla racial. Esta noción racial de clasificación de los compañeros universitarios, en tanto que gente con la que se tiene un contacto cotidiano, maneja una categoría que, como ya habíamos planteado anteriormente, puede resultar cómoda y ambivalente, pues esta mezcla tienen una movilidad práctica hacia cualquier polo de las diferencias raciales. En tal sentido, definir a los compañeros universitarios como mestizos, es definirlos también como una posibilidad racial de todo, pero que debido a la mezcla resulta más o menos igual a uno mismo y al resto de la universidad.
Con el detalle de los totales y los porcentajes del grafico 10 podemos ver que en comparación a la clasificación general de las razas en Bolivia, el “no sabe, no responde” es mayor al 8.31%, si a esto le aumentamos el rechazo a distinguir racialmente a sus compañeros (5.15%) un 13.46% de los universitarios consultados niegan identificar razas entre sus compañeros. En tal sentido, resulta fácil identificar o hablar de razas de forma general y abstracta pero resulta más complicado hacerlo en contextos cotidianos de interacción personal como es el espacio de clases en la universidad.
La raza de la pareja
Cuando se busca investigar la clasificación racial que hacen los jóvenes universitarios sobre sus parejas se trata más bien de una especie de identificación racial de la pareja o una asociación del o la compañera con alguna raza. No existe una clasificación en esquemas raciales esto se debe a que es muy poco probable que se mencione más de una raza para identificar a la pareja, y los esquemas no se aplican a una persona sino a un conjunto. Sin embargo, la identificación racial de la pareja no es algo común, frecuente o cotidiano en los jóvenes universitarios, por eso ha habido un porcentaje alto de jóvenes que han respondido con no sabe no responde.
De manera inicial hay que resaltar el alto nivel del “no sabe, no responde” que llega en este caso al 27.57%. En consecuencia, notamos que hay una menor disposición a clasificar racialmente a la pareja que a los compañeros universitarios, puesto que los compañeros, pueden ser algunos amigos íntimos, mientras que otros pueden ser casi desconocidos, en tanto que la pareja es definitivamente una persona con quien se comparte intimidad. De acuerdo con Callirgos, esto se debería a una incomodidad, puesto que etiquetar racialmente a la pareja podría romper la supuesta igualdad entre ambos: “La pregunta por la raza rompía esa igualdad aparente. Se pedía, al entender de los entrevistados, también una clasificación en la jerarquía socioeconómica y cultural: “arriba” o “abajo”. Se borraba la “igualdad” para hacer aparecer un lado feo de la realidad. Ante esta situación, la respuesta final podía ser considerada como un insulto al amigo o al enamorado, puesto que la clasificación racial incluye una valoración e incluso una discriminación para los actores sociales.” Callirgos 1993: 10)
Dentro de quienes si clasifican racialmente a sus parejas, vemos que la primera tendencia es definir a sus compañeros o compañeras como mestizos con el 41.69%, y la segunda tendencia en este grupo, es clasificarlos como “blancos” con el 9.50%. Quienes consideran que sus parejas son indígenas llegan escasamente al 4.49%.
Criterios de clasificación racial de la pareja
Estos criterios han sido identificados a partir de las respuestas textuales que brindaron los jóvenes cuando se les ha preguntado cómo saben que su pareja es de la raza que han mencionado.
En los criterios de clasificación racial de la pareja que, -a diferencia de los criterios identificados en la clasificación de los compañeros de universidad-, se hace notable la fuerte presencia del “no sabe/no responde”, 67.28%, como respuesta más frecuente entre los universitarios. Esto es un indicador de cómo la clasificación de la pareja no pasa por categorías raciales. El porcentaje del “no sabe - no responde” es un aspecto que merece un análisis en esta parte, puesto que los jóvenes que no saben cómo identificar racialmente a sus parejas, aumentan, considerablemente en comparación a los criterios que caracterizan las razas en Bolivia en donde el “no sabe- no responde” llegaba al 16.36%. Esto muestra que en niveles de contacto existe una mayor dificultad para pensar racialmente a las personas con las que se tienen relaciones sociales. Muchos de los universitarios, han podido responder de qué razas son sus parejas solamente por una formalidad ante el cuestionario, pero no han podido establecer por qué consideran que sus parejas son de esas razas,
Ascendencia y herencia racial: Mi raza y las razas de mi familia
En esta parte seguimos explorando las nociones de raza y diferencia racial pero en niveles de contacto e intimidad: la clasificación racial que los universitarios hacen de su familia y de sí mismos. Inicialmente, cabe aclarar que por un lado se ha preguntado a los universitarios “¿de qué raza o razas son en tu familia y porqué?” lo cual ha dado pie a que respondan según lo que ellos entienden por familia, es decir, en algunos casos han hablado de sus abuelos, de sus tíos, de sus padrinos, y en la mayoría de los casos han hablado de sus padres y hermanos. Esto muestra que la familia, entendida por los universitarios, abarca tanto el grupo nuclear como los parientes consanguíneos más cercanos, hasta algunos parientes rituales. Por otro lado, veremos en este capítulo también, la autoclasificación racial de las y los universitarios.
En esta parte veremos la clasificación racial que los jóvenes universitarios realizan sobre su familia. En inicio presentamos los datos agrupando las respuestas en base a la mención a una, dos o tres razas que consideran forman parte de su familia, para luego detallar qué “razas” son las que mencionan.
En este nivel de mayor contacto cotidiano y convivencia, la noción racial muestra una tendencia a la definir a su familia en términos de una homogeneidad racial. Esta tendencia, puede explicarse debido a que la familia, el círculo domestico de convivencia cotidiana, en tanto que forma una unidad de contacto y experiencia diario, es asumido como un lugar de “igualdad” en el sentido de que compartes costumbres y hábitos.
Resulta interesante ver cómo la opción “no sabe, no responde” llega al 14.64%, lo cual muestra que se eleva, a medida que se abordan niveles más cotidianos e íntimos en comparación con los niveles de la clasificación racial de Bolivia (3.69%), o de los compañeros de la universidad (8.31%). En el caso de la pareja, “no saber, o no responder” llega al 27.57% , mucho más alto que en el caso de la familia, como habíamos visto, no es algo que se sepa en la pareja y muchas veces no se indaga sobre el tema. En cambio en la familia, como veremos más adelante hay una serie de circunstancias o anécdotas que se quedan en la memoria como un referente que da pie a la noción sobre la clasificación racial de los miembros de la familia.
Por otra parte, en el ámbito de la familia, la clasificación se realiza sobre las personas con las que se convive cotidianamente; de ahí que varias categorías mencionadas en el nivel general de las razas en Bolivia, o en el nivel más próximo de la universidad “desaparezcan” en el nivel aún más íntimo y cotidiano de la familia y “no saber o no responder” se eleve considerablemente. De hecho, los estudiantes que prefirieron no responder o indicar que no saben cuál es la raza de su familia han sido más que aquellos que han reconocido más de una raza en su familia.
Los estudiantes que mencionan que en su familia existen dos razas llegan al 11.35%. Son quienes identifican diferencias asociadas a lo racial a pesar de convivir con su familia compartiendo costumbres y hábitos. Por ‘ultimo, en la categoría “otras” que tiene una presencia porcentualmente importante, encontramos muchas respuestas que apuntan a los lugares de origen de sus padres y/o abuelos como formas de diferenciarlos o de igualarlos. Ahora bien, dentro de esta aparente “homogeneidad racial” que los jóvenes perciben en sus familias, ¿cuáles son las categorías más usadas para definir racialmente a sus familias? En el siguiente gráfico veremos un desglose de las “razas” que componen esta clasificación.
Como vemos en el gráfico 15, al interior de las nociones de una raza, la categoría “mestizo” es predominante a la hora de definir la única raza de la familia. Si bien la categoría “indígena”, aymara sobretodo, porque se trata de la ciudad de La Paz, es la segunda categoría, más usada para definir a sus familias, hay una distancia muy marcada entre esta categoría y la categoría “mestizo” (40.45% entre ambas).
Más bien, las definiciones raciales que hacen los jóvenes de sus familias usan categorías como “blanco” y “mestizo” que abarcan la gran mayoría de la dualidad racial que consideran forma parte de las familias de las y los universitarios de la ciudad de La Paz. Al mismo tiempo, en este nivel no se ve una dispersión de categorías raciales, por ello los datos no disparan en listados de categorías o sus combinaciones. Esto se debe a que la diversidad “racial” vista en el los esquemas de clasificación racial de Bolivia, apunta a una idea vaga de la existencia de numerosas “razas”, sin embargo, en la práctica, esta diversidad no se ve reflejada en sus familiares.
En cuanto a la clasificación racial que los jóvenes hacen de sí mismos (gráfico 21), nuevamente la categoría “mestizo” es mayoritaria. A diferencia de las otras categorías con las que se pueden autoclasificar los universitarios, “mestizo” tiene un peso porcentual muy por encima de cualquier otra categoría. Nuevamente vemos que es una categoría funcional para la clasificación racial en niveles más íntimos y, en este caso, personales. Muy lejos de “mestizo”, está la categoría “indígena” como forma de autoclasificación racial 11.21%, y para clasificar a la familia (21.52%) seguida de la categoría “blanco” que apenas sobrepasa el 5%en la autoclasificación racial y llega al 6.08% en la clasificación racial de la familia. La identidad regional se muestra también como una categoría usada para auto clasificarse racialmente (2.64%).
Dentro de la categoría “no sabe, no responde” que sigue siendo elevada (11.47%), tenemos las respuestas de los universitarios, que o bien consideran que “no saben” de qué raza son, o bien rehúsan contestar esta pregunta. Este tipo de respuestas frente al cuestionario, entra en relación con las narraciones de los universitarios; a través de las entrevistas, vemos como existe, más bien, un rechazo a la idea de definirse racialmente.
Lo que nos debe llamar la atención tanto en la clasificación de sus familias como en la autoclasificación, es la casi ausencia de lo blanco. Podemos entender que “blanco” no es una categoría que quieran asumir para definir a sus familias ni a sí mismos. Esto puede estar influido por la carga social que tiene que ver con lo que es lo blanco, asociado a una especie de distinción y formas de vida elitistas. También puede deberse a la carga política que existe sobre esta categoría en una coyuntura en la que lo indígena adquiere vigencia oficial por el discurso multiculturalista del Estado y donde lo “blanco” tendría que ver con una cuestión de poder, que hoy puede no ser considerada una categoría políticamente aceptable. Otra explicación a esta preponderancia por definir a sus familiares como “mestizos” es que, dada la presencia visible de las nociones que dan cuenta del proceso de mestizaje iniciado en la colonia, sería deshonesto autoidentificarse como blanco.
Criterios de clasificación racial
En esta parte revisaremos porqué los jóvenes consideran que sus familias y ellos mismos son de determinada raza.
En los criterios de reconocimiento racial en la familia (gráfico 29) se puede ver que el “no sabe/no responde” alcanza el 57.65% de las respuestas. Sin embargo, en la clasificación racial de la familia (grafico 14), “no saber o no responder” llega al 14.64%. Esto muestra un contraste significativo entre quienes “no saben” de qué razas son en su familia y quienes contestan de qué raza consideran que son sus familiares pero no saben explicar porqué consideran que son de esas razas. Sucede lo mismo en el caso de los criterios de autoclasificación racial (gráfico 22) en los que “no sabe-no responde” alcanza el 32.32% en contraste con la misma autoclasificación racial que muestra que indica que el 11.47% de los universitarios “no saben o no responden” de qué raza son. Es decir que saben de qué raza son ellos yo sus familiares pero no saben cómo lo saben. Serían conocimientos naturalizados, como el saber de qué sexo es uno mismo o sus familiares, son cosas que se saben, pero que han perdido los recuerdos específicos del origen de estas nociones.
El criterio más recurrente en la autoclasificación racial como en la clasificación de la familia después del “no sabe - no responde”, es la “herencia/ascendencia”, que en la familia llega al 13.46% mientras que en los criterios de auto clasificación alcanza el 17.68%. Este criterio, de cierta manera responde a lo que implica una familia, donde por descendencia se heredan las características, en este caso, raciales.
Una categoría que establece un contraste entre los criterios de clasificación racial de uno mismo y de la familia, son las “características físicas”. En el caso de la clasificación racial de la familia (gráfico 29) este criterio alcanza el 6.46%, en cambio en los criterios de autoclasificación racial (gráfico 22) llega al 14.91%. Esto muestra que las características físicas son un parámetro que no es usado para determinar la raza de la familia, pero que sí sirve para decir porqué uno mismo se considera de determinada raza.
Surgen también los criterios de clasificación racial de la familia relacionados con el lugar de origen con un 6.86%. La auto clasificación racial depende de los lugares de origen de los padres y abuelos, por lo que existen criterios de lugar de origen relacionados con la herencia/ascendencia. En este sentido es interesante ver cómo elementos que podrían creerse lejanos a categorías raciales se conciben como tal en las nociones sobre diferencia racial, el lugar de donde proviene la familia o donde nace uno mismo sería un criterio que otorgaría pautas para la clasificación racial: es diferente ser del campo, ser de la ciudad, ser del exterior, etc., y no necesariamente tienen que ver con el color de la piel, sino con formas de vida y costumbres.
Para finalizar este desarrollo de criterios de clasificación racial vamos a mencionar las “características culturales” pero no como un criterio significativo pues en como criterio para clasificar racialmente a la familia apenas alcanza el 2.77%, y como criterio de autoclasificación racial llega al 3.03%. Resulta interesante el manejo de esta categoría porque las características culturales como criterio para la clasificación racial, han sido elevados en el caso de la caracterización de las razas en Bolivia 20.71 %, esto desciende cuando se tratan de ver los criterios que intervienen para reconocer racialmente a alguien en la calle donde alcanza solo el 8.97%. Como criterio para clasificar a la pareja es el más bajo pues apenas llega al 1.32%. es importante ver que en niveles de mayor contacto e intimidad, las costumbres, los comportamientos y los hábitos, no parecen ser determinantes para la clasificación racial, sino otro tipo de criterios como los de herencia-ascendencia o el lugar de origen.
II. Nociones y experiencias de racismo
Este acápite muestra los datos de las nociones generales que tienen los jóvenes universitarios sobre racismo, a partir de la siguiente pregunta ¿para ti qué es el racismo? Para poder aprehender las nociones sobre racismo, se han agrupado las respuestas de los universitarios en categorías que concentran las respuestas textuales: tautologías, diferencias, Interacciones negativas, jerarquizaciones y “otros”. Estas categorías explicadas a continuación conducirán el análisis de las nociones de racismo desde las respuestas textuales hasta la presentación de los datos cuantitativos.
Las respuestas tautológicas son aquellas respuestas textuales de los universitarios que hablan del racismo aún cuando no puedan definirlo clara o específicamente. Es una categoría que agrupa todas las respuestas que básicamente repetían la esencia de la misma pregunta, sin aclarar qué específicamente entienden por racismo, es decir, se hizo hincapié en la discriminación por motivos raciales, donde la única especificación es lo racial, por lo que no aportan nada más allá del mismo término. En tautologías también se agruparon las respuestas que apuntan a generalidades que asocian al racismo con la discriminación, sin especificar el motivo. Respuestas tan generales, que presentan al racismo como un hecho abstracto para los universitarios, en tanto concepto y no como una vivencia cotidiana y concreta.
Esta categoría agrupa todas las respuestas que indican que racismo es marcar una diferencia, la cual puede ser basada en cualquier aspecto social o físico. En este tipo de respuestas, se ha visto que al hablar de racismo, no necesariamente se habla de relaciones de desigualdad jerarquizada o de relaciones de poder, sino simplemente de destacar diferencias entre las personas.
La diferenciación hace referencia a diversas esferas de pertenencia de las personas (social, económico, racial, académica, estética, etc.) pero no se especifica qué implican estas diferencias en la vida de las personas. Por lo que en el marco de una noción general de racismo los universitarios lo asocian a la diferencia como tal. Ahora bien, al hablar de racismo los universitarios asocian las diferencias con la discriminación. En este sentido las diferencias tienen una connotación negativa y mucho más práctica o “real” porque se indica cómo las diferencias implican una acción considerada nociva. Estas respuestas han sido agrupadas en esta categoría debido a que indican que el racismo se basa de manera explícita en las diferencias. En tal sentido, al preguntar sobre racismo, surge la asociación de racismo con discriminación, y esta discriminación se basa en cualquier tipo de diferencia.
Es la categoría que agrupa todas las respuestas que hacen referencia a las acciones de contacto directo en las cuales, de forma negativa, por lo general se insulta, margina o maltrata a las personas. Esta es una de las categorías de análisis más concretas, pues hacen referencia a hechos como comportamientos o insultos. En este sentido sobresalen en esta categoría, los insultos como la expresión de racismo más común e inmediata.
La jerarquización, como otra forma de referirse al racismo muestra las nociones que explican el racismo como una relación en la cual determinados grupos se sienten o se creen superiores a otros. En tal sentido, no necesariamente hace referencia a interacciones personales, sino también a sentimientos o pensamientos que clasifican a las personas bajo los criterios de superioridad/inferioridad. La jerarquización tiene que ver con el poder y estaría relacionado con acciones de subordinación, menosprecio, humillación, y con sentimientos de superioridad e inferioridad.
Existen, también otras respuestas textuales que fueron agrupadas en la categoría “otros” por ser dispersas y poco frecuentes. Por un lado se agruparon respuestas que indicaron generalidades expresadas como una forma de denuncia sin especificar un concepto claro sobre el racismo. Por otro lado se presentaron respuestas que hicieron referencia a otras formas de hablar sobre el racismo como por ejemplo de manera auto referencial: “todos somos iguales”.
La presentación del significado de las categorías de análisis y las respuestas textuales que explican las mismas, serán analizadas a continuación desde la perspectiva cuantitativa, que dará a conocer de manera global las tendencias sobre las nociones generales de racismo de los universitarios.
Los datos indican que los universitarios asocian de manera significativa al racismo con la diferenciación (35.98%) en contraposición a las interacciones negativas que presentan un porcentaje significativamente inferior (10.98%). En medio de estos dos extremos, están las tautología (21.24%) y la jerarquización (16.76%).
En tanto que las interacciones negativas, hacen referencia a acciones concretas que han sido experimentadas por los universitarios; y las diferencias, son de carácter más abstracto ya que pueden referir a ideas, prejuicios o pensamientos y no necesariamente a una situación vivida, se puede ver que de manera general se asocia al racismo más con un hecho abstracto que con un hecho práctico.
Esta asociación del racismo con lo abstracto se reafirma con la importante presencia de respuestas tautológicas (21.24%) pues esto hace ver que el racismo se encuentra presente para los universitarios como una idea vaga y no como una experiencia. Es así que se hace difícil para los universitarios concretizar la noción de racismo en un concepto que pueda dar mayor explicación y especificidad sobre, espacios, motivos, actores y situaciones en las cuales se produce el racismo. A pesar de lo cual, sí responden y hablan de racismo.
En este sentido, el racismo es un hecho más abstracto en tanto se lo explica en términos de diferenciación y tautologías y no desde hechos experimentados como las interacciones negativas o la jerarquización que darían a conocer explicaciones más especificas sobre cómo entienden racismo los universitarios.
Las experiencias de racismo
En este acápite veremos se presentarán los datos que darán a conocer los resultados sobre las experiencias de racismo de los universitarios [2], a las cuales nos acercamos a partir de la indagación sobre actos de racismo realizado por otras personas, es decir, realizados por terceras personas y los actos de racismo propio, es decir, realizado por los mismos universitarios que participaron en la investigación.
- Racismo realizado por otras personas
En esta parte, veremos si los universitarios consideran haber presenciado o no actos realizados por otras personas, que fueron interpretados, entendidos o vividos por los universitarios como actos de racismo.
El Gráfico N° 21 nos permite ver de manera general, que los universitarios consideran con alta frecuencia (84.25%) que “si” vieron actuar a otras personas de forma racista, esta contundencia en los datos nos permite ver que el tema del racismo se encuentra presente en las vidas de los universitarios. En este caso existe la particularidad de asumir que son otras personas las que cometen actos de racismo y no hablar sobre sí mismos facilita el designar determinadas situaciones como racistas.
Llama también la atención el bajo porcentaje que tiene la opción “no responde” (1.30%) pues esto es una corroboración de lo afirmado respecto a la facilidad de poder responder una pregunta que hace referencia al racismo cometido por terceras personas.
El hecho de que se presente un alto porcentaje sobre la afirmación de haber presenciado actos de racismo en terceras personas expresa que existe un sentido y entendimiento práctico sobre qué es el racismo.
Al hablar de racismo propio hacemos referencia a las respuestas en las que los jóvenes universitarios afirmaron o negaron haber cometido actos racistas en sus vidas. Estos datos permitieron acercarnos a la temática del racismo desde una reflexión personal de los mismos jóvenes sobre sus nociones raciales en sus propias acciones.
El gráfico 24 nos permite ver que los resultados son muy diferentes en comparación con los presentados en el racismo visto, pues, existe prácticamente una paridad entre las respuestas afirmativas y las negativas respecto a haber cometido actos de racismo, de hecho, la diferencia entre ambos es solo de dos puntos porcentuales, donde los universitarios afirman con un poco más frecuencia haber realizados actos racistas.
Es importante contrastar estos datos con los del anterior punto sobre haber visto actuar de forma racista donde la respuesta afirmativa es del 85.25%, la comparación entre estos datos primero indican que reconocer que otras personas actúan de forma racista es mucho más fácil que reconocer que uno mismo puede hacerlo. Segundo, indicar haber cometido un acto racista es producto de una evaluación posterior al mismo acto, ya que en el momento del hecho no se piensa “voy a ser racista” y luego se actúa.
Finalmente quienes respondieron afirmativamente al hecho de haber cometido un acto racista pueden haberlo hecho en torno a la afirmación de que existe una sociedad racista y de forma autocrítica se asume que en tanto se es parte de un contexto social racista, alguna vez actuó de forma racista, es decir, se reconoce la existencia de injusticia e inequidad social en la cual existen formas de discriminación como el racismo, y no sería honesto desmarcarse de esta realidad social.
El racismo en la vida cotidiana: Las experiencias de racismo de los universitarios
El racismo en la vida cotidiana hace referencia a las experiencias que los universitarios han vivido e interpretan como racistas. Estas experiencias fueron abarcadas desde los actos de racismo “propio” y los realizados por “otras” personas, dos planos que serán analizados desde las diferencias y similitudes. El acercamiento a las nociones de racismo desde las experiencias de la vida cotidiana de los universitarios permitirá concretizar al racismo en tanto dé a conocer los actores, situaciones, espacios u otros elementos que intervienen en el mismo. Así mismo, el hecho de abordar el tema del racismo desde los actos de racismo propio y de terceras personas permitirá ver también la autoubicación en torno al tema racial.
De insultos, interacciones y diferencias
Los actos de racismo son interacciones sociales, en tanto se producen en el marco de relaciones establecidas entre dos o más personas. Al hablar de racismo estas interacciones adquieren una cualidad negativa pues se generan a partir de acciones como insultos, maltratos, marginamientos, agresiones o inclusive burlas. Es así, que el racismo a partir de las interacciones sociales se asienta en hechos observables y perceptibles en las que prevalecen las acciones.
Para los universitarios el racismo se encuentra presente en la acción de “insultar” más allá de la especificación o no de un contenido racial. Tanto en el racismo propio como el racismo de los otros o de terceros, el racismo estaría caracterizado por el insulto, que hace referencia también al desprecio, maltrato, ofensa, desvalorización o burla, y es una de las formas de expresión racista más común para los universitarios.
- Insultos que hacen alusión a categorías sociales
El insulto más común mencionado entre los y las jóvenes universitarias es “indio”, porque como plantea Gose (2001), es una categoría que ha sido usada históricamente como insulto debido a la asociación con roles coloniales de subordinación, pero también debido a que “indio” alude a la proveniencia del ámbito rural, asociado al “sub desarrollo”, y por tanto relacionado con la falta de “modales” lo vulgar e inclusive la falta de “educación”.
Tanto en el racismo propio como en el racismo de otros se puede ver que el uso de la palabra “indio” como insulto, se encuentra más presente para las mujeres que para los varones. De hecho en el racismo propio no se han encontrado ejemplos relevantes de varones como para ser citados. Las respuestas textuales de las mujeres en el “racismo propio” hacen referencia a la utilización del término “indio” aunque sin especificar la situación, únicamente se aclara esto, en un caso en el que menciona hacia quién fue dirigido el insulto: a un policía. Esto muestra que este tipo de insulto se encuentra “a la mano” es decir es bastante común utilizarlo por lo tanto no requiere de mayores explicaciones.
En cambio en el caso del “racismo de otros”, las respuestas han proporcionado mayores detalles sobre las características por las cuales las personas fueron insultadas. Estas características están relacionadas tanto con el componente cultural: la forma de vestir, el idioma o la forma de hablar; como también con algunas características físicas que hacen mayor alusión a lo racial como el color de la piel o el hecho de ser mestizas. Esto indica que en el racismo realizado por terceras personas se identifican los factores de diferencia que, de cierta manera, explican el porqué de la utilización de este insulto, lo cual no sucede en el racismo propio ya que en éste solamente se indica el uso del término ante una situación de conflicto. Una posible explicación sobre este contraste entre el racismo propio y el racismo de los otros, es que quizás sí se puede admitir que uno realiza algún acto racista o discriminatorio, pero hay una renuencia a especificar con qué tipo de personas se es racista.
Por otra parte, se encuentra la categoría social “chola”, que también funciona como insulto porque refiere a mujeres con un tipo de vestimenta y estética (la pollera y las trenzas) que se asocian con una historia de migración rural-urbana que por lo general se ha producido para acceder a fuentes laborales como trabajadoras del hogar pero también en el ámbito del comercio, situación por la cual esta categoría social ha sido urbanizada aunque no desvinculada de una historia de migración rural asociada a la falta de educación o a lo vulgar al igual que en el caso de “indio”.
Es importante decir que es mucho más común la utilización del término “chola” en femenino que el de “cholo” pues el insulto masculino más común es “indio” o “campesino”. Como se puede ver en las respuestas textuales para las mujeres se ha hecho menos común la interpretación de actos racistas realizados por terceras personas en los cuales se haya utilizado el término “chola” como insulto, sin embargo, respecto al racismo propio, sí existen varios casos en los cuales las mujeres indican haber utilizado la palabra “chola” como insulto. Ahora bien, los ejemplos indican que las mujeres han utilizado “chola” como insulto en tres sentidos: el primero que hace referencia al origen indígena, el segundo que hace referencia a la vestimenta (la pollera) y el tercero que refiere a una forma de actuación como el empujar que justamente alude a esa característica de vulgaridad o falta de educación que se le atribuye.
Resulta interesante notar que no existen ejemplos de la utilización de la palabra “chola” como insulto en el caso de los varones, pues al parecer es más común que los varones utilicen insultos como por ejemplo “negro” o “indio” pero también que utilicen otro tipo de insultos que no tienen que ver mucho con las categorías sociales. De esta manera se puede ver como el uso de los términos “chola” e “indio”, si bien se asocia a determinadas características de las personas también se ha generalizado como un insulto común ante una situación de conflicto, son insultos que se encuentran “a la mano” para ser utilizados de manera inmediata, y, su utilización como insultos tienen que ver con la connotación negativa que históricamente se les ha atribuido.
- Insultos que hacen alusión al color de la piel
Las respuestas que hicieron mención a insultos que aluden al color de la piel fueron de dos tipos: las respuestas que indican haber insultado a una persona por el color de la piel, lo cual no implica que se especifique necesariamente el insulto, de hecho no lo hacen, sino se hace referencia a que el insulto fue emitido, según lo que intrepretan los universitarios, por causa de color de la piel de la persona. El otro tipo de insultos es en el que se menciona específicamente el uso del término “negro” para insultar.
Las respuestas que hacen referencia al color de la piel como motivo del insulto se hacen presentes respecto a los actos de racismo realizados por otras personas. Que estas respuestas se hayan producido solamente en el marco de los actos racistas realizados por otras personas se puede deber a que al hablar de otras personas entran en juego las inferencias y generalizaciones en cambio en el racismo propio en tanto partícipe del mismo se conocen los detalles como por ejemplo el término utilizado para insultar.
En el caso del racismo de los otros, los universitarios expresan que se insulta a la gente debido a que son morenos, o negros, es decir, se hace referencia al motivo por el cual se insulta: el color de la piel, aunque no se especifica cuál ha sido el insulto. Por lo tanto, no hay insultos raciales, sino que se considera que se insulta a una persona usando cualquier adjetivo o palabra pero debido a su color de piel.
La segunda forma en la que el insulto hace alusión al color de la piel es la mención del término “negro” que puede tener varias connotaciones. Primero, el término “negro” sirve como insulto en sí mismo de manera muy similar al de “indio”: El insulto “negro” se encuentra presente tanto en el racismo propio como en el racismo realizado por terceras personas, en ambos casos este insulto se encuentra acompañado de otros insultos más como “hijo de tu madre” o “de mierda”, y al igual que “indio” es un insulto que es fácilmente utilizable en una situación de conflicto. El término “negro” es utilizado tanto para hacer referencia a personas afrodescendientes como para hacer referencia a personas que no son afrodescendientes sino que tienen la piel morena y funciona como un insulto en tanto que es una forma de referirse o tratar a una persona despectivamente.
No hay que olvidar que, al igual que “indio”, la palabra “negro”, tiene una carga racializada que denota un insulto debido a la historia referente a la población afrodescendiente esclavizada. Usar “negro” como insulto, refiere pues a relaciones históricas de poder.
- Alusión a la suciedad: como forma de racismo
Se ha podido ver que al hablar de actos de racismo los universitarios hacen alusión a la suciedad como un factor que marca diferencias y tiene una connotación negativa por hacer referencia a lo “no limpio”, donde, lo “limpio” es el valor positivo y denota un comportamiento correcto en contraposición a lo “sucio” como valor negativo en tanto hace referencia a lo poco pulcro, lo imperfecto y por tanto a un comportamiento incorrecto.
Es interesante como la mayoría de las respuestas que hacen referencia a “lo sucio” se han dado cuando los universitarios hablan sobre sus propios actos de racismo. Esto se explica debido a que aludir a la suciedad tiene más que ver con un plano personal, donde se encuentran en juego las subjetividades, clasificaciones sociales y simbólicas sobre las personas en las cuales existen una diversidad de nociones sobre lo que es “sucio o limpio” o como se interpretan los olores agradables o desagradables.
Si bien varias de las citas textuales tienen que ver con experiencias concretas en las cuales se argumenta haber sentido un olor desagradable por ejemplo, muchas de ellas hacen referencia a prejuicios, que asocia por ejemplo a la cholita o al campesino con algo sucio. Es la presencia de lo sucio que provoca una reacción en la persona (los universitarios) y esta es la de criticar, rechazar, alejarse, botar, es decir, evitar el contacto.
Si bien las nociones de suciedad/limpieza son condiciones que han podido ser racializadas en tanto se asocian con características físicas como el color de la piel: “Con las personas sucias que generalmente son morenas” (Estudiante, UCB, Administración de empresas, 2010: 633) y como se ha visto antes con categorías sociales determinadas “cholita”, “campesino”, es interesante que en tanto existe la asociación del racismo con lo sucio la misma no tiene que ver necesariamente con componentes raciales sino más bien con el simple hecho del rechazo a lo sucio.
En este caso la asociación del rechazo a lo sucio con el racismo se encuentra en la reacción que justamente apunta a la exclusión que en la mayoría de las veces es despectiva.
Los universitarios hablan de la burla como desprecio en tanto hacen referencia a los actos de racismo de terceras personas, pues cuando se trata del racismo propio, la burla vinculada al racismo es entendida en tanto la realización de chistes o bromas que hacen referencia a las características de las personas. Éstas van desde lo físico como el color de la piel, pasando por lo cultural, como forma de hablar o de vestir hasta la capacidad intelectual de las personas. De una u otra forma estas formas de burla lo que hacen y por lo que se entiende que son formas de expresión racista es su connotación despectiva sobre las características de las personas.
Es interesante ver que la burla como expresión de racismo se encuentra mayormente presente en las experiencias de los universitarios varones, especialmente al hablar del racismo propio vinculado con los chistes o las bromas, pues ninguna chica ha hecho referencia a este tipo de acciones en el ámbito del racismo propio.
Las ideas sobre el racismo indican que se reconoce un acto racista a partir de insultos con contenido racial o insultos que se considera se echan a alguien por tener determinadas características. Hemos vistos que para los universitarios es algo asumido que decir chola, indio o negro, equivale a decir un insulto. Por un lado esto muestra que esta terminología tiene una connotación negativa a pesar de los procesos de reivindicación de las diferencias que se viven en los tiempos del multiculturalismo. Por otro lado, cabe mencionar que el uso de insultos raciales no equivale a decir que una persona es racista, este tipo de insultos son usados en momentos de conflicto y esto mostraría el racismo como una reacción pero no como algo que atraviesa constantemente a las personas.
Diferencias y jerarquías: mecanismos frecuentes en los actos racistas
En la diferenciación como una forma de entender los actos racistas existen varios elementos de análisis. No solo se trata de diferenciar a las personas y establecer límites o grupos entre ellas sino también de a quienes se diferencian y porqué se establecen las diferencias.
Establecer diferenciaciones significa no reconocer a “otros” como similares, y en este sentido se establecen distinciones que delimitan los márgenes de interacción social, es por ello que la diferenciación implica el alejamiento y la exclusión, pues la presencia de los otros implica incomodidad y malestar. Ahora bien, a quienes se hacen estas diferencias es otro punto importante para entender las nociones de racismo, los motivos por los cuales se establece la diferenciación pueden ser varios entre ellos los más notorios como se puede ver en las respuestas textuales anteriores son las características físicas, las culturales y las de clase social.
Se ha visto que la noción de racismo se encuentra vinculada con la de jerarquizar, lo cual se manifiesta a través de la cualificación de lo que es superior o inferior. Es así que la jerarquización posiciona y ubica a las personas y a sus características en el marco de una estructura vertical de la sociedad.
En el mecanismo de la jerarquización al hablar de actos de racismo propio uno mismo puede ser el punto de referencia a partir del cual se establecen las diferencias en el marco de la dicotomía superior/inferior: Menosprecio de campesinos o personas de color. Las jerarquías pueden expresarse a través de hechos concretos en forma de acciones como el maltrato, pero también en forma de sentimientos o percepciones.
Hemos visto que existen diferentes tipos de jerarquías: por un lado están las jerarquías preestablecidas como la que se basa en el color de la piel donde la dicotomía es: blanco versus de color. Por otro lado se encuentra la posición económica, es decir, el componente de clase social que se ha racializado en tanto relaciona la condición económica con las características físicas y culturales de las personas. La dicotomía en este caso sería: adinerado (rico) versus pobre
- Categorías de diferenciación racializadas
Hasta este punto se ha podido ver cómo el racismo se encuentra vinculado con dos mecanismos fundamentales: la diferenciación y la jerarquización. Ambos funcionan de forma conjunta ya que la jerarquización se encuentra basada en las diferencias aunque estas últimas no necesariamente implican jerarquización, siendo la articulación entre ambos mecanismos que hace que determinados actos sean interpretados como racistas para los universitarios.
Las categorías de diferenciaciones racializadas más comunes para los universitarios son: las diferencias étnicas, las diferencias de clase social y las diferencias raciales que serán desarrolladas a continuación.
Las diferencias étnicas
Ser indígena, ser campesino o ser cholita, son tres categorías sociales que en el contexto urbano hacen referencia a quienes son migrantes del área rural. Las diferencias que se establecen en torno a estas categorías se encuentran vinculadas con la dicotomía rural/urbano la cual se establece en torno a características principalmente culturales expresadas en la vestimenta, la forma de hablar y el comportamiento entre otros.
Las diferencias de clase
En las diferencias de clase se articulan la condición económica con las características culturales y físicas de las personas donde todas ellas articuladas adquieren una noción racial. Si bien se hace evidente la articulación de todos estos condicionantes y características personales que se racializan, es la situación económica la que guía la jerarquización por la que se interpretan determinadas situaciones como actos de racismo. Donde como se pudo ver antes en las jerarquizaciones quienes tienen dinero son quienes diferencian de forma negativa a quienes no cuentan con él. Pero además se puede ver cómo es en torno a la condición económica que se cierran los círculos sociales que limitan las participaciones.
Las diferencias raciales
Las diferencias raciales que fueron mayormente identificadas por los universitarios fueron las características físicas y entre ellas las del color de la piel, como uno de los marcadores raciales más evidentes sobre los cuales se producen actos de racismo. El color de la piel como una de las diferencias raciales más relevantes en las respuestas de los universitarios se encuentra presente tanto en los discursos que refieren al racismo propio como al racismo de terceras personas, sin embargo se puede ver que se presenta más respecto a actos de racismo realizados por otras personas pero también que el color de piel se hace más relevante para las mujeres. En este tipo de diferencias, resalta la categoría social afrodescendiente, como sujeto sobre el cual se producen actos de racismo, es decir, como víctima del racismo.
III. Construcción social de las nociones raciales
Para que exista un conjunto de ideas sobre las razas, sobre cómo son éstas, cómo reconocer racialmente a una persona o cómo clasificar racialmente a la población de Bolivia, tiene que haber un proceso de construcción social de estas nociones raciales. Lo mismo sucede con las nociones de Racismo. Por ello, consideramos importante identificar qué experiencias, hechos, personas o instituciones sociales han propiciado que los jóvenes universitarios de la ciudad de La Paz tengan estas nociones raciales
A partir de las narraciones que hacen los universitarios sobre sus propias experiencias en relación a lo racial, vamos a perfilar estas construcciones sociales que intervienen en sus nociones raciales. Las experiencias que retomamos en estas narraciones son experiencias que hayan sido directas, es decir en las que participada activamente la persona entrevistada, o indirectas, es decir que haya participado pasivamente como observador o haya escuchado sobre eso; son consideradas igualmente experiencias personales, pues de una u otra forma se tratan de hechos que han establecido una memoria y una consideración del hecho que ellos consideran, al momento de la entrevista, merece ser narrado y que es considerado parte fundamental de su relación con lo racial.
En base a estas experiencias se conforman las nociones raciales en las cuales hemos encontrado los esquemas de clasificación racial, las razas que se identifican y caracterizan en Bolivia, y los criterios de reconocimiento racial en la calle. El mecanismo del cual devienen estas nociones tiene que ver con experiencias recordadas y por lo tanto existen dos fuentes de las cuales provienen las nociones raciales: una memoria semántica, es decir basada en conocimientos generales (como es el caso de los contenidos de la escuela, el colegio, la universidad, las lecturas y los medios de comunicación. Y, por otra parte, una memoria episódica, es decir basada en experiencias autobiográficas. Sin embargo en este nivel general, de las razas en Bolivia, la memoria semántica es la que predomina en la generación de nociones raciales. A partir de estos hallazgos podemos perfilar la noción de raza que tienen los jóvenes universitarios para pensar el ámbito ampliado de Bolivia. Y en suma, una especie de conceptos locales sobre lo racial.
A partir de las anécdotas familiares, en esta última parte del capítulo, vamos a rastrear cómo los universitarios, llegaron a tener las nociones de clasificación racial de sus familias y de ellos mismos.
En todos los casos citados, las experiencias vividas de forma directa o en forma de relatos e historias familiares, aparece la memoria como un mecanismo mediante el cual se recuerdan hechos o narraciones que van formando las nociones raciales. Ahora bien, en el caso de las historias familiares que quedan en los recuerdos de los universitarios podemos encontrar un tipo de memoria semántica, es decir una memoria basada en conocimientos generales que no son autobiográficos. Este tipo de memoria se expresa más aún en el caso de la clasificación racial en Bolivia, donde los universitarios por lo general mencionan fuentes como los libros, los medios de comunicación o las enseñanzas escolares. Lo mismo encontramos en las explicaciones sobre el mestizaje, en las cuales muchas veces se menciona que son “mestizos” por un conocimiento asociado a la mezcla racial de la conquista, lo cual no significa que sea un conocimiento personal o vivencial, sino referencial, basado en alguna fuente indirecta.
En cambio, en las experiencias personales que comparten los universitarios, vemos una Memoria episódica, es decir basada en hechos autobiográficos, pues se tratan de hechos o anécdotas en las que los y las entrevistadas intervinieron directamente. Son episodios de vida que van estableciendo una memoria con la cual forman sus nociones raciales, en tal sentido los contextos fuentes pueden ser diversos (la familia, la escuela, los espacios públicos, la universidad) pero el medio de aprender de estas fuentes es directamente personal [3] .
Las nociones sobre racismo, en consecuencia, provienen más de una memoria emotiva, que de una memoria semántica. Por otra parte están basadas en experiencias en las cuales participan otras personas como actores y como víctimas de racismo. En el proceso de construcción social de lo racial hay que destacar también, el hecho de que los contextos que son mencionados por los estudiantes en estas memorias son principalmente la familia y el colegio, aunque muchos han manifestado que el colegio te enseña el racismo y la familia, más bien te enseña a no ser así, las experiencias familiares muestran claramente que es un escenario de generación de ideas sobre las diferencias sociales.
Por último, puntualizamos que las nociones de racismo dejan ver un conocimiento abstracto sobre lo que es el racismo, originado muchas veces en la memoria semántica, pero a partir de una profundización sobre el tema vemos que intervienen las experiencias autobiográficas. Sin embargo, esto no quiere decir que la idea de racismo se origine en las acciones concretas, sino que, como pudimos ver, éstas acciones concretas de la vida de los universitarios, son reflexionadas, posteriormente como actos racistas, esto quiere decir que se reflexionan las experiencias personales a partir una idea vaga de racismo que se “adquiere” a partir de conocimientos generales sobre el racismo.
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[1] Para ver estas tendencias similares puede consultarse el anexo de datos cuantitativos
[2] Para obtener esta información se realizaron cuatro preguntas en el cuestionario: ¿Alguna vez has visto a alguien actuar de forma racista? Si ( ) No ( ) ¿Qué hicieron? y ¿Alguna vez has actuado de forma racista, aunque no haya sido tu intención? Si ( ) No ( ) ¿Qué hiciste? La primera parte de las preguntas fueron procesas de manera cuantitativa y la segunda cualitativamente.
[3] Endel Tulving, 1972; Frankenbartg, 1993.
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