I. Diseño de la investigación

 

Para situar la investigación dentro del debate académico sobre lo racial hemos realizado una especie de seguimiento a las producciones locales, pero no a manera de historia o genealogía, sino a manera de posicionar el tema en el contexto conceptual para poder comprender el porqué forma parte del debate público actual[1]. Y es que lo racial, ha cobrado vigencia conceptual recién en la segunda mitad de la primer década del 2000, mientras que las revisiones bibliográficas a décadas anteriores contienen superposiciones entre lo étnico, la estratificación social por clase y lo racial. En esta parte, tendremos consecuentemente, un paneo de las posiciones académicas sobre el tema racial, y al finalizar, el diseño de la investigación.

 

1. Raza, diferencia racial y racismo en la academia local 

  • El hecho colonial como piedra angular de la clasificación racial

 

Dentro de la producción académica hay un énfasis en la clasificación social a partir de las categorías usadas durante la colonia. Veremos este aspecto tanto desde las explicaciones que sustentan una permanencia de esta terminología colonial como desde quienes prefieren usar otra terminología pues en ambos casos aportan a la profundización de la clasificación social étnica y racial.

En los primeros años de la década de los noventa se habla mucho de identidad y etnicidad en la academia local. Desde un enfoque histórico, Rossana Barragán analiza las categorías sociales de la estratificación social, como blanco, indígena y mestizo (con especial énfasis en esta última). En este sentido, muestra los significados con que estas categorías funcionaban y a partir de qué se originarían.   De acuerdo con Barragán, “Las categorías de “español”. “blanco” e “indígena” correspondían, por lo tanto, a las características socio-económicas y culturales” (Barragán, 1993:99) Lo mismo que sucede  con el denominativo “cholita” que para 1765 estaba asociado con el servicio doméstico (Barragán, 1993:111).

Para Barragán, la situación del mestizo como resultado y estrategia de la movilidad social, se expandió tanto que con la independencia del país la categoría “españoles” desapareció de los censos “Este término [fue sustituido] por la denominación más genérica y más “racial”  (aunque sabemos que es totalmente social) de “blancos””. (Barragán, 1993: 111). El argumento fundamental del análisis de Barragán es que en ningún censo desde 1881 hasta el censo de 2001 se establecen los criterios de las categorías sociales. Este “detalle” muestra implícitamente que por lo tanto la misma clasificación social no tenía criterios fijos: “se utilizan los términos y categorías sin que se sepa si estamos frente a las categorías de análisis  del investigador o las empleadas en su momento en la sociedad analizada. En otras palabras, y adoptando la diferenciación generalizada entre los antropólogos, pocas veces se distinguen las categorías “etic” (las producidas por los/las investigadores/as) de las categorías “emic” (las utilizadas por los/las actores y sujetos) (Barragán, 2008: 210).

La trayectoria histórica descrita sobre las categorías y la estratificación social influye en la actual situación del análisis social en la que por un lado se entrelazan clasificaciones étnico-raciales con las actividades socio-económicas y, por otro lado, se establece un reemplazo de categorías como español, por blanco, mas tarde blanco por mestizo, e indio por campesino. Los cambios recientes en la política, han logrado que las identidades y clasificaciones étnicas nuevamente tomen parte de los registros e identificaciones en base a la autoafirmación. Pero esta autoafirmación, como dice Barragán: “está lejos de  implicar que toda la población que se autoidentifica como aymara o como quechua se sienta indígena.” (2008: 506). Esta separación en la identidad muestra que los escencialismos están lejos de la realidad social que salta a la vista sobre todo por el surgimiento de los indígenas urbanos o las ciudades indígenas. En este aspecto hay que considerar que si bien hay un autoreconocimiento étnico, las poblaciones urbanas no necesariamente se reconocen como indígenas, esto puede ser  debido a que persisten las ideas de lo  indígena en relación al campo, a la tierra, por lo tanto a una actividad socioeconómica (2008: 507).

Para Silvia Rivera, el hecho colonial demarca y explica toda la estratificación social: “tanto la identidad india, como la identidad mestiza y la misma identidad q’ara, eran identidades forjadas en el marco estructurante del hecho colonial. Quiero decir con ello que los elementos raciales que estas identidades pueden exhibir, son secundarios[2] frente al hecho de que son identidades definidas a través de su mutua oposición, en plano cultural-civilizatorio, en torno a la polaridad básica entre culturas nativas y cultura occidental, que desde 1532 hasta nuestros días continúa moldeando los modos de convivencia y las estructuras de habitus (Bourdieu 1976) vigentes en nuestra sociedad.” (Rivera, 1993: 57). Según esta cita, el hecho  colonial estructura lo social hasta la actualidad. Esto se mostraría con el término ‘indio’ que si bien se borra del lenguaje público, se esconde dentro de una nueva categoría usada para referirse a las comunidades rurales y étnicas: ‘campesino’. Este término que, de acuerdo a la permanencia de las estructuras coloniales, estaría cargado de resonancias racistas encubiertas que antes eran evidentes en el término “indio”. Es decir que si bien, lo racial es entendido como algo secundario en la conformación de categorías, es parte de la actual estratificación social en la que juega, de acuerdo con Rivera,  como una violencia encuebierta.

Rivera habla de la permanencia colonial a partir de un resultado concreto: una pigmentocracia resultante de los procesos coloniales: “En su ámbito más específico, se trata de una dimensión pigmentocrática del poder, por la cual se da una distribución diferencial de recursos, oportunidades, legitimidades y pesos específicos según la proximidad o el alejamiento del mundo indígena, considerado como el último eslabón pre-civilizado, pre-social (o incluso pre-humano) de la sociedad.” (Rivera, 1993: 104). La lectura del hecho colonial, a diferencia de la Lectura de Barragán, es más bien la lectura de una permanencia que muestra un tratamiento racial asentado en los pigmentos corporales sobre la cual se basarían las estructuras de poder.

Si bien Rivera muestra que la estratificación social se asienta en relaciones de poder, originadas en la colonia, no llega a perfilar las bases específicas de esta pigmentocracia, es decir, cómo las características sociales o físicas determinarían las posiciones sociales práctica y cotidianamente en la actualidad. Si comparamos con los aportes de Barragán podemos ver que si bien existen relaciones de poder entre las categorías sociales hasta ahora perfiladas existe también una movilidad social que mostraría que estas relaciones de poder pueden cambiar y las personas pueden movilizarse dentro de las mismas. Como se ve, raza, etnia y clase, se entrelazan confusamente sin dejar claro, si este entrelazamiento es parte de la vida cotidiana de las personas, los momentos o los lugares donde se investiga, o si es parte de un entrelazamiento en el análisis.

 

  • La dinámica de las Categorías locales

Para Spedding el rol de lo colonial en la estratificación social juega un rol de mito; el mito de la conquista’ que se ha establecido como un verdadero mito de origen ya que “…establece el origen y la explicación de ‘las cosas como son ahora’…” (Spedding, 1996:26). Spedding indica que la consecuencia de asumir este mito es que el mismo es interpretado como una realidad y no como una construcción ideológica.

En una investigación, sobre los Yungas de La Paz, Spedding muestra una situación casi paralela a la planteada por Barragán (2008) en donde hay una relación entre la identidad y la ocupación bastante estrecha: “Hasta 1886, cuando el catastro reemplazó los padrones que mantenían el formato colonial, todas las personas que poseían terrenos o residían en las comunidades se dividían en “originarios”, “agregados” y “forasteros” (denominados “vagos sin tierra” bajo la república). Pero según la evidencia, se podía pasar de una categoría a la otra, ascendiendo a originario al adquirir una “buena sayaña” o descendiendo a vago “por haber perdido la sayaña”. En el siglo XX, estas categorías fiscales fueron sustituidas por las de “blanco”, “mestizo” e “indígena”, clasificación que perduró en el Registro Civil hasta 1971. “Es cierto que estos grupos ya no tenían el vínculo directo con el acceso a la tierra, que era la base de las categorías coloniales, y aparentemente pasan a responder a un criterio más “étnico” -o racial, como se diría entonces-, pero era igualmente posible cambiar de categoría, por ejemplo de indígena a mestizo, y los hijos podían tener una clasificación distinta a las de sus progenitores, en contraste con el concepto moderno de etnicidad, que se supone permanente y hereditaria” (Spedding, 2008:443). En tal sentido existe una movilidad social y por lo tanto las categorías sociales no son leídas como una permanencia de lo colonial sino dentro de un dinamismo de cambio constante.

Spedding considera que desde la academia se siguen utilizando términos como el de ‘mestizo’, ‘indio’, ‘criollo’, ‘chola’ desde perspectivas obsoletas en tanto que en la vida cotidiana ya no son utilizados, aún cuando la academia pretenda que se los siga viendo así. Plantea, en contraposición,  que los términos utilizados en la vida cotidiana hoy en día son más de carácter situacional y fluctuante pues “indican más sobre la actitud que uno tiene hacia la persona así denominada  que la posición de la persona en sí” (Spedding, 1996:31). Muchas de estas categorías tienen que ver con la posición de quien ‘habla’ pues su posición en la jerarquía de clases determina como describirá a las otras personas y bajo qué términos.

Peter Gose  es otro autor que prefiere abandonar la terminología colonial para usar las terminologías locales y a partir de estas explicar la estratificación social. Gose considera que la terminología de la colonia es una terminología “racial” que responde a lo que él llama el “mito de la conquista”, es decir, la evocación de un encuentro primordial entre el conquistador (español) y el conquistado (indio), que al asumirse como un fenómeno presente hasta la actualidad, funciona como la explicación a la conformación de las relaciones sociales modernas (2001:18) lo cual, en realidad, perjudicaría, más que ayudaría a explicar la estratificación social, porque mantendría relaciones de jerarquía colonial entre las categorías sociales y las personas identificadas con ellas: “Dado que el gamonalismo[3] es la base social y el referente último del discurso racista convencional que define “indios” , “mestizos” y “blancos”, debemos ser escépticos cuando los mismos términos aparecen en la literatura antropológica y se dice que denominan “grupos étnicos”  distintos en cierto espacio cultural  abstracto donde ya no se percibe al gamonal”  (Gose, 2001:19). En este sentido, y para acabar con complicidades “racistas” Gose considera que conviene usar en lugar de esta forma colonial de categorización social, las categorías locales y las autoapelaciones de cada región, comunidad y espacio cultural.

En su estudio etnográfico a propósito de la formación de clases sociales en una población rural de los Andes, prefiere emplear, consiguientemente,  los términos “comuneros” y “vecinos” para referirse a los dos grupos sociales reconocidos en Huaquirca (lugar del estudio). Son estos términos los que se usan frecuentemente entre la población del lugar para referirse a sí mismos o a otros. No obstante, distingue otra terminología, aclarando que su uso es menos frecuente, usada solo por los vecinos, y que al estar relacionada con un vocabulario “racial”, estos mismos vecinos procuran no usarla: “indios”, “mestizos” y “blancos”. En esta clasificación la noción de raza estaría definida por una sustancia, la “sangre”, elemento en común asociado a un tipo específico de conducta. Luego, esta noción funciona metafóricamente para describir la jerarquía social y, aunque no constituye una evidencia objetiva, se hace parte de la imaginación social andina (Gose, 2001:17).

Con todo, lo que nos interesa subrayar de las ideas expuestas por Gose, es que trata de evidenciar que los términos para referirse a clasificaciones “raciales” y “étnicas” no pueden separarse del análisis de la estratificación social ni ser lo que guíe este análisis pues corresponden a otro periodo histórico y encierran complicidades con las jerarquías coloniales. La connotación de “clase” presente en este tipo de terminologías sugiere que, en vez de cambiarlas por terminología étnica hay que contextualizarlas como parte de las relaciones sociales.   

  • La permeabilidad del ser persona

 

Así como las categorías sociales no son estáticas, sino contextuales a un tiempo y espacio determinados, también la identidad de una sola persona puede cambiar y fluctuar de acuerdo a contextos diferentes y el ciclos de vida, mostrando su pertenencia o relación con más de un sistema racializado o de identidad. Esto es lo que muestra Canessa en su investigación sobre la identidad en Wila Kjarka[4]: “es importante subrayar que estas categorías son mutables en el sentido que uno puede pasar de jaqi a misti a q’ara. Cambiar de residencia, de modo de vivir y de lengua tiene un efecto transformativo. (…)[5] vemos que ser jaqi o misti o q’ara no son condiciones inmutables; los hijos o nietos de los jaqi pueden convertirse en mistis o q’aras.” (Canessa 2006:26).

Si una persona en Wila Kjarka, por ejemplo un hombre joven, puede dejar de ser “tan indígena” (tras haber concluido el colegio y el servicio militar) en comparación a las mujeres de su misma comunidad, entonces las diferencias no son inmutables o fijas, ni fenotípicas, sino sociales: “Siempre se puede ser más ‘blanco’ y siempre se puede justificar la superioridad social en términos de ser racialmente o culturalmente superior.” (Canessa, 2006:145). Categorías como blanco o indio que parecerían más “raciales” por la nominación terminan funcionando, en la práctica,  como categorías más bien sociales.

Todas las identidades que Canessa comenta juegan en dos sistemas de racialización: uno del ciclo social y ritual de vida y otro de la terminología e ideología resultantes de una historia racializada. La historia racializada, racializa el trabajo en la tierra –trabajo de “indios”- y la limpieza y vida urbana como cosas de “blancos”. Entonces, “habría muchos modos de racializar las diferencias y el modo occidental es solo uno de ellos” (Canessa, 2006: 196). Este aspecto es importante porque nuevamente trae la identidad, social, étnica, racial, como algo contextual. Sin embargo, las diferencias sociales occidentales tienden, mediante vivencias como la de la escuela y el servicio militar que describe Canessa, a ser naturalizadas. El aporte de este estudio es que puntualiza, de forma clara y objetiva, de dónde provienen las categorías de clasificación.

 

La imbricación entre raza – etnia y clase

El análisis de los censos nacionales muestra cómo las categorías de clasificación social varían, aparecen y hasta desaparecen en función de los intereses estatales, las políticas nacionales e internacionales. Así las categorías “indio”, “mestizo” y “blanco” son parte de estos cambios. En este recorrido histórico en el que aclara mucho acerca de estas categorías, Barragán parte por aclarar que racismo y etnicidad no se contraponen como dos sistemas sino más bien que racializan[6] lo cultural. (2008:207).

En este contexto histórico de la estratificación social, lo que parece más resaltante para poder ver cómo se racializa la interpretación de las categorías sociales es que: “La historiografía tradicional ha leído las visitas de indios sin considerar que se trata de encuestas jurídicas y fiscales, estudiándolas durante años desde una perspectiva demográfica hasta convertirlas en piedra angular de la “preestadística” andina. (Loza, 2008: 198). En tal sentido, la superposición de lo étnico y racial procede de una mala lectura de datos fiscales y tributarios.  Otro elemento para que se racialicen las categorías sociales “tiene que ver con el hecho de que raza se asocia casi exclusivamente a rasgos fenotípicos, y cuando éstos desaparecen se contrapone a rasgos culturales, a cultura o identidades (culturales), dejando de considerarlas como un sistema racial y social” (Barragán, 2008:213). Tal es el caso de Bolivia en donde, con los procesos de mestizaje, las categorías sociales pierden referencias fenotípicas, y se racializa lo cultural y socio económico. Cuando en el 52 desaparece la categoría “blanco” la categoría que la reemplaza, mestizos, adquiere lo que la gente seguía viendo como blanco.

De acuerdo con Barragán (2008) la racialización de las categorías socio-económicas que eran los principales demarcadores de las identidades, se debe a las corrientes de pensamiento de los siglos XIX y XX, es decir por una influencia conceptual y teórica externa. La invención y la difusión del concepto “raza” provienen del pensamiento europeo de los siglos XVIII y XIX, posteriores a la colonización de nuestro continente.  Arthur de Gobineau (1816-1882) es la figura emblemática de este concepto de raza “concebido como un conglomerado de características heredadas” (Giddens, 2000: 12) y de donde provienen las ideas de las razas asociadas con mayor o menor inteligencia, moral y capacidad social.

A esta corriente teórica bajo la cual las categorías más bien ocupacionales se racializan, le sucede otro cambio teórico en el cual más bien se abandona la terminología racial Spedding aclara que existió un abandono del término ´raza´ para empezar a hablar de ´etnia´ o ´etnicidad´ a partir de la década del 60 donde la identidad se define por criterios culturales y no biológicos[7] .

Todos estos cambios en las corrientes de pensamiento influyen en esta imbricación entre la terminología racial y étnica. Callirgos (2006), incluye un elemento más en esta imbricación: la “modernización” como la encargada de hacer desaparecer la etnicidad bajo el surgimiento de la condición de clase. Con todos estos elementos interrelacionados para la clasificación social, hablar de uno solo de estos puntos queda dentro de una cuestión “situacional”, tal es el caso de la etnicidad, donde los referentes, expresiones o marcas de identidad son valorados, o interpretados, de distinta manera según el punto de vista social, económico, de género o generacional desde el que se los percibe. Este argumento tiende un puente que vincula la diferencia de clase con la etnicidad y la diferencia racial.

A nivel metodológico, todas estas posiciones, sobre la clasificación social que, como vemos se asientan en categorías empleadas equivocadamente como raciales y étnicas,  se mantienen y provocan una persistencia de uno de los problemas que poco ha variado de los censos mencionados por Barragán: no se explican los criterios que aclaren qué se está entendiendo por racial, social, económico o cultural, ni qué criterios se usan para clasificar a la población o de quién provienen estos criterios.

1.2 El racismo en la actualidad: Importaciones teóricas

 

El racismo como tema central

A partir de la segunda mitad de la década del 2000  parece surgir un cierto afán  o esfuerzo por mostrar el racismo y lo racial dentro de las producciones locales[8] . Mamani y Quisbert (2008) a propósito del racismo y las “elites criollas”, utilizan una terminología “racial”, a través de la cual pretenden explicar relaciones jerárquicas de la sociedad boliviana. Asumen, desde el inicio, que los términos que utilizan corresponden a grupos sociales homogéneos, identificables –según los autores- por compartir “los mismos rasgos somáticos y físicos étnicos” (2008:7). De esta manera, en la clasificación que establecen, diferencian el grupo de los “criollos” y “mestizos” del grupo de los “indios”. Sin explicar quiénes corresponden a estas categorías, identifican a los “criollos y mestizos” como “blancos”, “blancoides” o pertenecientes a una “clase étnica blanca” (2008:10). Mientras a los “indios” (“indígenas” o “campesinos”), asociados por el color de la piel “morena”, les correspondería ser los portadores del origen étnico aymara o quechua. Luego, estas categorías, pensadas en términos de jerarquía social, exclusión y sentimientos de superioridad, resultan en una combinación arbitraria de “clase-raza”, que relaciona inexorablemente la élite con lo blanco-criollo-mestizo y la plebe con lo moreno-indio.

Esta explicación de las relaciones sociales modernas, es la consecuencia de un vocabulario “racial” que no logra abandonar las categorías coloniales, de hecho, termina por reproducirlas. Como indicaba Gose, se usa terminología colonial y por lo tanto se mantienen implícitamente las jerarquías coloniales al usar esta terminología, aunque en este caso en un uso que pareciera ser reivindicativo.  Así, por ejemplo, en el artículo de Mamani (2008), el contraste entre las características de las “elites blancas minoritarias” con las de los “indígenas o campesinos mayoritarios”, combina una especie de censura moralista con un romanticismo cultural: Por un lado atribuye determinados consumos estéticos (“uñas pintadas”, “algunos cabellos coloridos”), el consumo de drogas, la vinculación con el narcotráfico o  las peleas conyugales a las ·elites blancas”. Por el otro lado habla de las “manos callosas, de miradas curtidas, firmes y serenas de hombres y mujeres que viven en estas tierras como los aymaras, quechuas, chiquitanos, guaranies, mojeños, lecos, chimanes, etc. Estos aprecian la tierra y las culturas, tanto en las ciudades como en el campo” (Mamani, 2008:78).

El asumir que las categorías “raciales” corresponden a grupos sociales con determinados comportamientos y que se ordenan jerárquicamente por sus atributos físicos, como el color de la piel, hace que este tipo de interpretaciones, esquematicen dicotomías que refuerzan estereotipos. En este sentido, planteamientos como el “apartheid criollo” (Mamani, 2008:41) para referirse a un supuesto proyecto político (social y no constitucional, de acuerdo a los autores), no sólo carece de una contextualización histórica, sino que pone en evidencia una mirada que reproduce lo mismo que critica, es decir esa visión anclada en percepciones coloniales.    
 
Otro ejemplo de la actualidad del tema racial es el caso del Observatorio del Racismo. La serie de artículos presentados por este grupo, en dos revistas, analizan agresiones “racistas” (como insultos, agresiones violentas, grafittis entre otras cosas) en base a testimonios de las víctimas de estas agresiones. El contexto de estas agresiones es sobre todo la asamblea constituyente instaurada en la ciudad de Sucre en agosto del 2006) la intención de quienes han contribuido con este observatorio parece apuntar a la visibilización de las víctimas de la violencia física ejercida por la “dominación racial” y aportar insumos para el diseño de una ley contra el racismo[9] . En los estudios publicados por este grupo, en primer lugar se consolidan estereotipos sobre lo indígena a partir de la vestimenta y procedencia del ámbito rural como indicadores de esta identidad, así como a  través de mitos presentes en las clases medias y altas sobre la agresividad y violencia de los indígenas. Paralelamente, el observatorio da por sentado el racismo estructural, como algo obvio y precedente, pero no llega a explicitar en qué consiste o cómo se presenta en las prácticas cotidianas, o por qué se manifiesta estructuralmente; sin lograr ir más allá de los actos violentos más mediatizados. Y esto se explicita en su último trabajo (2010) en el cual como no encuentran las  explosiones de racismo de su trabajo anterior (pues la coyuntura era otra), analizan la despolitización de la raza.  Hay una carencia en la explicación del racismo como algo cotidiano, y esta carencia genera una brecha en el análisis, pues aún no quedan claros los elementos raciales que son obtenidos como datos en base a hechos políticos coyunturales, los cuales al ser parte de hechos “excepcionales” y no por ello menos censurables, no ofrecen datos generalizables. 

Una de las más recientes producciones académicas sobre el tema es el libro de Yuri Torrez (2009) en el que habla de la identidad, el racismo y las agrupaciones juveniles dentro de un escenario político de democracia y polarización. En este trabajo después de la descripción de la participación política de diversas agrupaciones juveniles distingue entre grupos juveniles de elite y grupos de jóvenes subalternos. Torrez piensa a las agrupaciones juveniles de elite y sus acciones son racistas porque manifiestan un deseo de segregación hacia los indígenas que serían tomados como sinónimos de subalternos. Este es el argumento central mediante el cual explica el racismo presente en estas agrupaciones, sus discursos y sus acciones. En las conclusiones se plantea que en esta polarización: “Una vez más se (de) muestra que para los sectores elitistas, los indígenas se constituyen en un “problema”  y de ahí generan una política segregacionista” (Torrez, 2009:335) política que se exacerbaría en contextos políticos como el actual en el que los indígenas asumen roles y posiciones de poder; y que reflejaría el racismo como una de las caras de las agrupaciones juveniles elitistas.

Estos últimos tres casos de la academia local muestran que, por un lado las categorías coloniales (asumidas como étnicas y raciales) se fijan, se estatizan, y se usan de manera esencialista, impidiendo una la lectura diferente de lo racial y de las diferencias sociales,  libre de preconceptos. Y por otro lado, se nota  la presencia de términos como apartheid y segregacionismo que tienen una carga importante en el tema de racismo pero a nivel más amplio que el local como veremos en la segunda parte de este balance bibliográfico.

Tres aspectos centrales resaltan de esta revisión bibliográfica: El primero de ellos, muestra lo racial sobretodo como una racialización de las relaciones sociales y de determinados elementos sociales de las personas. El segundo aspecto, es que es bastante frecuente encontrar, en la producción académica, datos que permiten ver que las identidades locales analizadas dependen más de las actividades y comportamientos que de elementos fenotípicos o sanguíneos. Finalmente, el tercer aspecto es la movilidad social que refuerza el segundo punto, en tanto que son más bien actividades y comportamientos los que resaltan como marcadores de una diferencia entre las personas y como marcadores de la estratificación social. 

A pesar de esto lo racial no deja de tener su presencia en la producción local y con mayor énfasis en el último quinquenio. Como explica Barragán para los censos hubo una influencia de las corrientes de pensamiento del siglo XIX, cabe entonces determinar que influye actualmente  el debate de lo racial. Por otra parte, si lo racial se entrelaza con lo étnico ¿porqué insistir en hablar de razas o racismo? Quizás la superposición de lo cultural y lo biológico iniciada en la lectura demográfica de datos jurídicos y fiscales, haya creado esta superposición de términos en el lenguaje académico a pesar de que un elemento común es que todos muestran de una u otra forma la presencia de las diferencias socioeconómicas como parte consustancial de la formación de identidades.

Con esta revisión consideramos importante poder vislumbrar la relación de estas racializaciones de la estratificación social, con las teorías raciales más globales. Con el afán de entender el origen de algunos de los conceptos usados y  de situarnos dentro del tratamiento académico de lo racial que, como veremos a continuación tiene orígenes históricos y espaciales concretos y específicos.

Raza y racismo: importaciones teóricas 

El racismo es un tema que ha sido tratado con mayor  detalle en otros contextos debido a su origen como ideología y conjunto de prácticas sociales, políticas y económicas. Como veremos “el racismo surgió en el contexto históricamente específico de la expansión colonial de la Europa Occidental  y del desarrollo del capitalismo mundial. La empresa colonial del Nuevo Mundo brindó entornos en los cuales la esclavitud, las ideas centradas en la raza y el prejuicio hacia el color de la piel (o fenotipo)  convergieron por primera vez en la historia humana, dando origen a la estratificación racial marcada por la ideología sistémica y el dominio estructurado de la supremacía blanca, que se convirtió en la forma más global del racismo.” (Drake, 1987, en Harrison, Faye; 2000:430); por lo tanto es un tema que se ha desarrollado precisamente en estos contextos y de estos países vienen la mayor parte de las conceptualizaciones sobre el tema dada la importancia que tuvo en su momento histórico y su persistencia en la actualidad.

Zinn (2001) al reflexionar sobre el establecimiento de las barreras raciales en los Estados Unidos, muestra que el origen del racismo en este país, es la esclavitud. Dentro del sistema de esclavitud, se redujo al “esclavo a un rango infrahumano con la utilización del odio racial” basado “en el color, donde el blanco era el amo y el negro el esclavo” (Zinn, 2001: 28) pero además la diferencia fenotípica fue usada también como instrumento de desunión ante posibles alianzas de clase entre negros esclavizados y blancos pobres: “Esta desigualdad de trato, esta combinación cada vez más desarrollada de menosprecio y opresión, sentimiento y acción que llamamos “racismo”” (Zinn, 2001: 30)

Entre 1870 y 1970 Estados Unidos fue la sede de uno de los ejemplos más evidentes de racismo. Tras haberse abolido la esclavitud, las ideologías racistas presentes en este país, propiciaron mecanismos para marginar a la población negra tal es el caso del  sistema de segregación racial. Los Estados del sur de Estados Unidos redactaron una serie de leyes para discriminar a las personas negras.  Como los Estados no podían eliminar los derechos de los negros al estar garantizados por la constitución, se usó el término de “segregación” con el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales). La idea era que mientras las oportunidades ofrecidas a ambas razas fueran iguales, la segregación era legal. Las Leyes de Jim Crow (1876) que daban el marco jurídico a la segregación racial,  negaban el derecho al voto a las personas negras bajo el argumento de que necesitaban saber leer y escribir, tener posesiones y pagar un impuesto electoral para poder votar. Las viviendas, escuelas, transporte, hoteles, restaurantes, incluso los lavabos estaban divididos para evitar que el hombre blanco se “contaminara” por la influencia del negro. En algunas ciudades se llegó a aplicar una ley marcial que prohibía a los negros salir a la calle a partir de las diez de la noche.

Este era el marco legal de la segregación racial en Estado Unidos a grandes rasgos. Y, a pesar de que muchas veces los blancos pobres compartían barrios con las familias negras, la segregación escolar que fue bastante estricta hacia que las separaciones raciales sean parte del cotidiano vivir. La estructuración racial de la estratificación social en esta sociedad ha demarcado pues muchas de las concepciones sobre lo racial, las razas y el racimo. De hecho la misma apertura de las escuelas y el fin de la segregación racial también han supuesto una relación particular, influida por esta segregación conocida y vivida, entre los “blancos”  y las personas de razas diferentes como muestra en su estudio Frankenberg (1993).

La colonización de Sudáfrica en el siglo XX muestra también un ejemplo explicito de racismo estructural a través de la política del Apartheid que consistía en la división de las diferentes razas. Como política de Estado el Apartheid consistía en la separación y diferenciación de las razas que legalmente se basaba en no considerar ciudadanos de Sudáfrica a las personas negras quienes por lo tanto no tenían acceso al voto, ni a negocios económicos y debían portar sus documentos todo el tiempo. El sistema de segregación consistía en apartar a la gente negra de la gente blanca mediante la residencia diferenciada para en  distritos, “homelands” (o áreas de reserva). La clasificación racial de los ciudadanos sudafricanos, dentro del apartheid,  se daba a partir de tres criterios: apariencia, aceptación social y descendencia (nadie podía ser considerado “blanco” si sus padres no lo eran) y llegó a ser tan estricta que el transporte público, la atención médica  y la educación también estaban segregados para blancos y negros e inclusive eran prohibidas las uniones de parejas inter-raciales. De hecho, fuera de los “homelands” las personas negras perdían todos sus derechos. Esta forma de organización social, política y económica se mantuvo hasta 1994 en Sudáfrica.

No es de extrañar que estas sociedades hayan desarrollado el racismo como política de Estado, como resultado de esta visión de las diferencias humanas. Es de ahí que surgen dos ejemplos concretos de racismo estatal: el caso de las leyes de segregación racial en Estados Unidos y el Apartheid en Sudáfrica. De hecho, “Estados Unidos y Sudáfrica comparten el dudoso honor de haber “desarrollado e institucionalizado el concepto [de raza] a un grado más extremo que” otras sociedades, mientras que los ingleses en América del Norte inventaron la ideología racial más rígida y excluyente” (Smedley 1993; citado en Harrison, Faye; 2000:433-434).

Como se puede ver, conceptos como el apartheid y el segregacionismo tienen un origen específico, geográfico e histórico. Ahora bien, el racismo ha sido analizado y considerado tanto una ideología como un conjunto de prácticas y comportamientos partiendo de este tipo de realidades, también como un sistema de relaciones (Frankenberg, 1993), y se ha visto los tipos de racismo (Taguieff, 1998), pero siempre considerando los contextos de la invención occidental del racismo que, a decir de Taguieff (1998) se universaliza. 

Podemos percibir una importación de estos conceptos en la academia local que habla de apartheid criollo (Mamani) y segregación (Torrez 2009) como elementos de análisis del racismo. Sentar el contexto de estos conceptos es necesario para comprender la magnitud del hecho racial así  como las características particulares en contextos locales que confieren otras significaciones en comparación a los países de origen del racismo.

Importaciones de este tipo, y sobretodo en el tema racial es parte de lo que Bourdieu y Wacquant llaman la doxa racial, resultado del proceso por el cual se mundializan conceptos y formas de ver el mundo. Esto, a nivel investigativo, quiere decir que se manejan conceptos “extraños” al contexto y sobretodo preconceptos sobre un tema que terminan orientado la investigación desde un inicio sobre bases que difícilmente pueden ser rotas por la realidad social interpretada y buscada en base a estos preconceptos o conceptos foráneos. Es un fenómeno conceptual y de pensamiento similar al del siglo XIX mencionado por Barragán, y que se incrementa cuando este tipo de problemáticas sociales o conceptos  forman parte del lenguaje burócrata de las políticas públicas y de la “opinión pública” mediática. Es el caso del Brasil en donde las investigaciones sobre lo racial asumen los conceptos raciales provenientes de Estados Unidos: “En lugar de considerar la constitución del orden etno-racial brasileño en su propia lógica, estas investigaciones se contentan, la mayoría de las veces, con reemplazar en bloque el mito nacional de la “democracia racial” (tal como lo expresa por ejemplo la obra de Gilberto Freyre) por el mito según el cual todas las sociedades son “racistas”, incluso aquellas en el seno de las cuales las relaciones raciales parecen, a primera vista, menos distantes y hostiles. De herramienta analítica, el concepto de racismo deviene un simple instrumento de acusación; bajo la cobertura de ciencia, es la lógica del proceso jurídico que se afirma (al asegurar el éxito de librería en lugar del éxito de prestigio)” (Bourdieu y Wacquant, 1998:115). Lo mismo que sucede con las periferias francesas recientemente comenzadas a ser llamadas guetos, “La referencia exótica al gueto negro de los Estados Unidos borra las diferencias históricas, estructurales y funcionales que existen entre el modelo de desigualdad y marginalidad de la ciudad estadounidense y el de la francesa” (Wacquant, 2010:11).  Ambos ejemplos ilustran cómo se sacrifica la realidad social y se opta por los conceptos como raza, racismo o gueto que han sido mundializados y se universalizan como aplicables a toda población.

2. Problema y justificación
El tema del racismo se encuentra actualmente dentro de los temas del debate político y mediático, sobre todo ante la promulgación de la Ley contra el racismo y toda forma de discriminación. Por su parte, como vimos en el balance bibliográfico, no existen parámetros fijos sobre lo racial. Como consecuencia de estos dos aspectos, hace falta ver cómo se asienta el tema racial en este contexto a partir de la investigación social.

Hay que tomar en cuenta que el racismo es histórico y tiene contextos específicos. Esto, por un lado, quiere decir que el racismo  puede ser cambiante de acuerdo a los tiempos y espacios; y que por ello, es importante indagar cómo se entiende el tema racial en nuestro contexto para evitar la doxa racial, de la que habla Bourdieu, pues forma parte de un imperialismo académico que universaliza conceptos de otros contextos. Por otro lado, esto quiere decir, que dentro de cada contexto y tiempo, el tema racial puede acomodarse a distintas realidades sociales, económicas y políticas. Por lo tanto es importante entender qué elementos conforman las nociones que las personas puedan tener sobre lo racial. Hace falta una mirada interna y reflexiva sobre cómo se entiende lo racial en el contexto local que actualmente debate este tema.  

Considerando que el tema específico de esta investigación se enmarca en la construcción social de las nociones sobre lo racial, ¿Por qué es importante ver este tema entre los jóvenes universitarios? Queremos puntualizar tres aspectos que son resaltantes para trabajar con esta población

Los jóvenes han sido protagonistas de los sucesos políticos de los últimos cinco años. Tal es el caso de los conflictos durante la Asamblea constituyente en Sucre, en donde participaron varios jóvenes de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, así como la participación de la Unión juvenil Cruceñista en los conflictos en Santa Cruz con la población indígena o migrante de los andes; o los Jóvenes por la Democracia en La Paz,  y otras agrupaciones juveniles que han tenido participación en la sucesos políticos de esta década. Debido a esto, Los jóvenes han sido el objeto de estudio de las últimas investigaciones sobre racismo (Torrez, 2009, y  Universidad de la Cordillera - Defensor del Pueblo, 2010). En tal sentido, los jóvenes son parte del debate sobre el racismo, sin embargo, no ha quedado claro, en estas investigaciones, cuáles serían las significaciones que estos jóvenes le dan a lo racial, elemento clave para poder entender recién, el porqué de su participación estelar en este tipo de conflictos políticos que han sido leídos por los medios y la academia local como confrontaciones en las que aparece el racismo.

Por otra parte, los jóvenes universitarios, al pertenecer a la generación que ha vivido todos los cambios políticos de la última década (el cambio de la Constitución política del Estado, los referendums por la autonomía, movimientos de reivindicación identitaria entre otros) están relacionados con los discursos políticos y académicos actuales. Esta vivencia que tienen los jóvenes de los cambios políticos en el país nos ha permitido identificar las nociones raciales dentro del contexto y la coyuntura política actuales, es decir sin correr el riesgo de encontrarnos con nociones raciales de otros periodos históricos que pueden estar sedimentadas en la memoria de las generaciones de más de 40 años. Los universitarios permiten ver la actualidad de los discursos políticos y su impacto en las nociones raciales.

Finalmente, consideramos que los y las  jóvenes  universitarios, al estar  ligados a la familia y sus parientes, pero al ser prácticamente mayores de edad, pues tienen libertad de horarios, y por lo tanto mayor flexibilidad para salir o llegar a casa, permiten ver tanto su relación con grupos de afinidad juveniles, como sus relaciones familiares, lo cual es una puerta para ver en qué formas la familia, puede ser una institución social que influye en las nociones raciales, pero al mismo tiempo nos ha permitido ver cómo los grupos de afinidad juveniles y la universidad,  son también, espacios de construcción social sobre lo racial.

Las construcciones individuales de lo racial, que resultaran del trabajo con los y las jóvenes universitarios, nos dejarán percibir de qué forma se inscribe lo racial en los sujetos sociales y cómo, permea o no, sus relaciones sociales y su forma de ver la sociedad. 

Las construcciones individuales de lo racial, que resultaran del trabajo con los y las jóvenes universitarios, permitirán ver, además de las nociones actuales de lo racial, el proceso mediante el cual se crean estas nociones, es decir percibir de qué forma se inscribe lo racial en los sujetos sociales y cómo, permea o no, sus relaciones sociales y su forma de ver la sociedad. 

Finalmente, el racismo como tema que motiva el debate actual y también las mismas investigaciones sociales merece tener una mirada objetiva desde las ciencias sociales para perfilar sus características y no importar interpretaciones de otros contextos. En tal sentido precisa trascender la denuncia subjetiva para poder basarse en realidades que den cuenta de la estratificación social y el rol que lo racial juega en ella. Este tipo de reflexiones pueden ser también, un aporte para esclarecer las distinciones entre racismo y otras formas de discriminación permitiendo perfilar, de alguna manera, qué sistemas de  estratificación social son los más vigentes entre los jóvenes universitarios.

Si lo racial es histórico y contextual, cómo se entiende en la ciudad de La Paz, ¿Cómo podemos aproximarnos a lo racial sin preconceptos y procurando ver la presencia de instituciones de socialización? Creemos que en este sentido, se hace pertinente indagar caracterizar lo racial en este contexto pero también indagar cómo se llega a esta caracterización. Considerando la población juvenil como entrada a las instituciones universitaria y familiar, la pregunta que guía esta investigación busca precisamente entender ¿Cuáles son las características de las nociones de raza, diferencia racial y racismo que tienen los y las jóvenes universitarios de la ciudad de La Paz; y su construcción social?

3. Objetivos de la investigación

Esta estrategia parte del siguiente objetivo general: Identificar las características de las nociones de raza, diferencia racial y racismo presentes en las y los jóvenes universitarios para determinar su construcción social sobre lo racial. Y de los siguientes objetivos específicos:
 

  • Identificar las nociones que las y los jóvenes universitarios interpretan como raciales en su vida universitaria y familiar.
  • Identificar las características de las nociones que tienen los y las jóvenes universitarios sobre raza, diferencia racial y racismo.
  • Identificar la construcción social de las nociones de raza, diferencia racial y racismo en las y los  jóvenes universitarias.
  • Analizar la ubicación social en que se sitúan los y las jóvenes universitarias dentro de sus nociones personales de raza, diferencia racial y racismo.

La investigación ha usado estrategias diversas. En la primera etapa, se había optado por la investigación etnográfica en la que se pretendía buscar datos empíricos sobre hechos, comportamientos, o actitudes relacionadas con lo racial. Por la ausencia de datos significativos, como mencionábamos anteriormente, se cambia de estrategia hacia métodos de preguntas directas; de ahí surgen el cuestionario y las entrevistas en profundidad. 

Las universidades que se han tomado en cuenta para la aplicación de los cuestionarios y las entrevistas han sido:

Universidad Pública


  • Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)

Universidades Privadas

  • Universidad Católica Boliviana “San Pablo” (UCB)
  • Universidad del Valle (UNIVALLE)
  • Universidad san Francisco de Asís (USFA)
  • Universidad Central (UNICEN)
  • Universidad Franz Tamayo (UNIFRANZ)
  • Universidad de Aquino Bolivia (UDABOL)
  • Universidad Real (UREAL)
  • Universidad Salesiana de Bolivia.

 

Bibliografía consultada

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[1] Precisamente durante el desarrollo de esta investigación es que surge una polémica mediática y política sobre la ley contra el racismo y toda forma de discriminación.

[2] El resaltado es nuestro

[3] Dado que el gamonalismo

[4] Una comunidad campesina en la Provincia Larecaja, La Paz.

[5] Hemos recortado la cita que hace Canessa de un testimonio.

[6] Racializar significa otorgar un carácter racial.

[7] Esto corresponde a un cambio de lenguaje en las ciencias sociales, como muestra Callirgos (2006).

[8] Ya en 1970, Fausto Reinaga publicó dentro de la revolución india, un acápite dedicado a la raza y al racismo. En esta obra sitúa lo racial como herramienta política de reivindicación de lo indio y denuncia de lo occidental. De hecho analiza el racismo a partir de la historia de EEUU, ofreciendo contextos importantes de donde surgiría el racismo.

[9] Ley, que en el desarrollo de esta investigación, que inicia el 2009, se encontraba en pleno debate dentro del gobierno y sus instancias y también dentro de los medios de comunicación y que se aprueba en el 2010.