1. Justificación temática
En nuestra sociedad, la existencia del Trabajo del Hogar Asalariado y la manera en cómo se considera a éste, es un fenómeno muy particular. En estas relaciones laborales, suelen hacerse más evidentes valores y actitudes propias de una sociedad discriminadora, que reflejan la construcción primaria de identidades individuales y colectivas de amplios sectores urbanos de nuestro país.
El trabajo del hogar asalariado está fuertemente asociado con un grupo étnico particular: campesinas migrantes que desligadas de sus comunidades, con frecuencia jóvenes y sin una red de apoyo, saben muy poco sobre cómo moverse en la vida urbana y negociar sus condiciones de empleo. Para muchas de ellas, constituye un primer espacio de adaptación a las ciudades, que por las condiciones de vida del campo, es visto como una alternativa que en el futuro mejorará sus condiciones de vida, o un importante paso de transición a la vida laboral de la ciudad. Sin embargo, en muchos casos, la experiencia de trabajar en una casa de familia e incorporarse a ese mundo es difícil. Allí las mujeres migrantes aprenden a hablar el idioma, las costumbres urbanas o las tareas asignadas por la familia, pero también se enfrentan a la discriminación: de género, laboral y étnico - cultural.
El trabajo doméstico se considera una extensión natural del papel de la mujer en la sociedad: el mantenimiento del hogar y la familia. De hecho, casi el 87 por ciento de todos los trabajadores del hogar asalariados son mujeres (por lo que de aquí en adelante las denominaremos trabajadoras del hogar asalariadas) (INE: 1997). Las trabajadoras del hogar asalariadas realizan básicamente las tareas que, según la sociedad, debería hacer la mujer de la casa gratuitamente. Debido a que tiene lugar en el hogar, lo realizan mujeres y no suele estar remunerado, el trabajo doméstico se considera no cualificado y de baja categoría (Artous: 1996).
Esta situación devaluada se traduce en salarios más bajos y menos garantías para las mujeres que realizan estas tareas a cambio de una remuneración.
Desde la época de la colonia en las haciendas de los españoles, pasando por las iglesias de los colonizadores hasta los actuales condominios de las clases medias emergentes; el trabajo del hogar ha sido asociado a la servidumbre, motivo por el que éste ha tenido diversos denominativos generalmente despectivos como empleadas, sirvientas, domésticas y otros, y no es sino hasta 1984 que se ha establecido el nombre de Trabajadora del Hogar.
Según Basilia Katari Secretaria Ejecutiva de la Federación Nacional y la confederación Latinoamericana de Trabajadoras del Hogar en el año 1996, “las recién llegadas del campo, están sometidas a una especie de esclavitud moderna”, la realidad del trabajo como trabajadora del hogar implica largas horas de trabajo, baja remuneración y falta de respeto.
Por su parte Marta Santos sostiene, que “aunque el trabajo de hogar asalariado está regulado por una ley los empleadores no cumplen, y a pesar de todos los esfuerzos hechos, tampoco las trabajadoras tienen interés de afiliarse al sindicato o reclamar”.
Esa ley a la que Martha Santos se refiere, como toda reglamentación a nivel mundial, no deberá estar diseñada para acomodarse a la realidad (como argumentaron en su tiempo un grupo de empleadoras), sino más bien, deberá ser la que promueva cambios en la actual estructura, según las necesidades sociales en pos de la protección de sectores vulnerados.
“La imagen del servicio doméstico es importante, en tanto ésta influye sobre las condiciones que las mujeres están dispuestas a aceptar y sobre cuánto desean luchar sobre sus derechos como trabajadoras del hogar asalariadas o buscar otras opciones de trabajo y a su vez el empleador no se interese por el tema” (Butler: 1984). Estas imágenes que rodean al trabajo doméstico se perpetúan de diferentes maneras, una de ellas es la Representación Social.
Abordar el tema de la Representaciones Sociales, crea nuevas perspectivas en el conocimiento y puede marcar rumbos hasta ahora desconocidos para la comprensión y la acción en el campo de las políticas sociales (Domic, 1999).
Las representaciones son discursos y constructos cognitivos y como tales son válidos, tiene la función de decodificar y comprender la realidad. Como se construyen sobre la base de la experiencia, la vivencia, la información, el conocimiento, el sentimiento, etc. Están en permanente reconstrucción y tienen una relación dialéctica con la realidad.
Conocer y recuperar la Representación Social de la Trabajadora del Hogar Asalariada, implica no sólo captar el significado, sino el sentido de aquello que se encuentra impregnado de sentimientos, emociones y vivencias, pues son las maneras de pensar, de sentir y comprender su realidad (Domic, 1999).
Este proyecto permitirá, por medio de la Representación Social, poner en mesa de discusión nacional diversas temáticas como los componentes de discriminación actuales: de género, laboral y étnico-cultural.
Finalmente y considerando lo anteriormente expuesto, podemos afirmar con total seguridad que este tema tiene relevancia por su contemporaneidad y es de vital importancia para el conjunto de la sociedad.
2. Objetivos de la investigación
2 .1 General
• Analizar cómo las representaciones sociales de la trabajadora del hogar asalariada en la ciudad de Sucre determina el incumplimiento de normativas que mejoren sus condiciones laborales.
2.2 Específicos
• Conocer la representación social de la trabajadora del hogar asalariada de la ciudad de Sucre sobre sí misma.
• Conocer la representación social de la empleadora respecto a la trabajadora del hogar asalariada de la ciudad de Sucre.
• Conocer la posición que asumen las trabajadoras del hogar asalariadas y las empleadoras respecto a la Ley de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar (Ley No. 2450).
• Crear espacios de reflexión y discusión que coadyuven a la generación de propuestas en torno al tema.