Los arquitectos proyectan habitaciones inhóspitas para las domésticas
(La Paz - La Razón 8/09/03)
La ley que protege a las trabajadoras del hogar es nueva y de cualquier manera de difícil aplicación en el tema referido a la vivienda cómoda.
“El cuarto de mi empleada es tan pequeño que tuvimos que cortar la cama para que entre. Aunque mi departamento es grande, donde ella duerme no cabe la gente alta”, cuenta la señora Carmen, que vive en el edificio Ami & Abril de la avenida Costanera.
Rosita, de 19 años, trabajaba en el edificio Wigger en Sopocachi. En su cuarto tampoco entraba una cama de una plaza, ni siquiera el colchón solo, así que su patrona la acomodó en otro ambiente más amplio.
Hay condominios, como el Franz Tamayo en la avenida Landaeta y el Carolina en San Pedro, que no cuentan con ambientes para las trabajadoras del hogar. Los que deben vivir allí sólo pueden contratar personal “cama afuera” o acomodarlo en colchones movibles en la cocina, el comedor o el living.
Pese a que en la Ley de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar hay un artículo sobre las obligaciones del empleador —que dice que éste debe proporcionar una habitación adecuada e higiénica, con acceso a baño y ducha—, desde las propias construcciones se suele privar de ese espacio. Y si hay es tan pequeño que apenas entra un catre en ellos. Un ejemplo es el edificio Galaxia, en Sopocachi, donde además el baño carece de ducha.
Hernán Aparicio, presidente de la Comisión de Vivienda de la Cámara Departamental de Construcción de La Paz, dice que los arquitectos intentan construir dependencias de servicio razonablemente amplias y con sol. Pero que muchas veces los propietarios piden que se reduzcan, sabiendo que una empleada que ose reclamar sus derechos terminaría despedida.
En el cálculo del área, Aparicio dice que el 25 por ciento de un departamento es para la empleada. Sólo que en él incluye, en una lógica generalizada, la cocina y la lavandería.